Homínidos

    El homo de Cromagnon, Homo Sapiens

    Familia taxonómica biológica a la que pertenece el ser humano. Los homínidos se separaron de la línea evolutiva que ha conducido a los monos antropoides (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) hace unos siete millones de años. Desde entonces los distintos especímenes que han contribuido a formar el árbol genealógico de la gran familia hominidae se han caracterizado por la marcha bípeda, el aumento del tamaño del cerebro y algunos cambios en la dentición, como la reducción de los caninos. El ser humano actual (género Homo y especie sapiens sapiens) es el único representante vivo de la familia de los homínidos, desde la desaparición del hombre de Neandertal, hace unos treinta mil años.

    La reconstrucción completa del árbol filogenético homínido es una tarea sumamente difícil debido a la conservación parcial del registro fósil. Sin embargo, la combinación de estudios paleoantropológicos, genéticos, geológicos, ecológicos, matemáticos, así como las nuevas técnicas de datación y medición, están contribuyendo a que la cadena evolutiva humana sea cada vez mejor conocida.

    La bifurcación ancestral entre el chimpancé y el ser humano está representada por un fósil con una antigüedad de siete millones de años, hallado en 2002 en el desierto de Yurab (Chad). El nombre científico de este nuevo género, considerado como el eslabón perdido entre el mono y el hombre, es Sahelanthropus tchadensis. Su descubridor, el paleontólogo francés Michel Brunet lo bautizó con el nombre de Toumaï, que en la lengua local significa “esperanza de vida”.

    Aunque el cráneo y los restos de Toumaï estaban muy deteriorados, han podido estudiarse por medio de reproducciones tridimensionales. La situación del foramen magnum (orificio de inserción de la columna vertebral en el cráneo) en un ángulo de unos noventa grados con respecto al plano orbital ha hecho pensar a los expertos que este ejemplar, considerado el abuelo de la humanidad, caminaba erguido.

    El Ardipithecus ramidus, descubierto por Tim White y su equipo en Etiopía, es otro ancestro, con una antigüedad de 4,5 millones de años. Este género había sido descubierto en la década de 1990, pero no se tenían evidencias de que fuera bípedo, hasta que el hallazgo de restos pertenecientes a unos nueve individuos de esta especie, realizado en 2005, permitió confirmar que el ardipiteco caminaba erguido. La forma de las falanges de los dedos de las manos y los pies encontradas sirvió como prueba inequívoca de su bipedismo. Por otra parte, la reducción de los caninos y la forma del desgaste de éstos, que es plana como en los homínidos y no cortante como en los póngidos, le acercan más a aquéllos que a éstos.

    Nuevos hallazgos de fósiles han revolucionado el árbol genealógico de la familia hominidae durante los primeros años del siglo XXI. Entre otras cosas, esto ha contribuido a retrasar la edad en la que los paleoantropólogos pensaban que los primeros ancestros habían comenzado a caminar de pie. Hasta hace menos de una década se creía que el primer homínido bípedo había sido Lucy, el más famoso ejemplar de Australopithecus afarensis, o alguno de sus congéneres.

    En cuanto a los parientes del género Homo, muchos investigadores coinciden en señalar que es probable que Homo ergaster sea el ancestro de la línea de los homínidos modernos. La especie fue definida a partir de un fósil encontrado por Richard Leakey en 1984 en el lago Turkana (Kenia). Éste correspondía a un adolescente que se hundió en el pantano, quedando fosilizado y sus restos perfectamente conservados. Sus proporciones son muy parecidas a las de los habitantes modernos del lago Turkana: delgado y con las extremidades largas. La antigüedad del ergaster se sitúa en torno a 1,2 millones de años.

    Los descubrimientos fascinantes y las nuevas técnicas aplicadas a viejos fósiles también han sacudido la línea evolutiva del género homo. Con el descubrimiento en el año 2000, en Dmanisi (Georgia), de un homínido primitivo datado en 1,8 millones de años, la vieja hipótesis de que el género no salió de África hasta contar con una gran capacidad craneal y sofisticados útiles, se tambaleó. La especie Homo georgicus, bautizada así por su descubridor David Lordkipanidze, supone la evidencia inequívoca de la presencia de homínidos en Eurasia hace casi dos millones de años.

    Otras evidencias de homínidos arcaicos fuera de África son los famosos restos de Homo erectus en la isla indonesia de Java. Aquí se adaptaron al ambiente tropical del sudeste asiático y sobrevivieron hasta hace unos trescientos mil años. En Europa occidental los restos de homínidos más antiguos corresponden a Homo heidelbergensis con una antigüedad entre doscientos mil y seiscientos mil años. De este homínido se han encontrado ejemplares en Mauer (Alemania), Boxgrove (Inglaterra), Petralona (Grecia) y Atapuerca (España).

    Los restos fósiles pertenecientes a unos 32 individuos datados hace unos ochocientos mil años en la sierra de Atapuerca (Burgos, España) fueron descritos como una nueva especie, Homo antecesor, por Juan Luis Arsuaga y su equipo. Sin embargo, algunos investigadores no aceptan la existencia del antecesor como especie, atribuyendo los restos de Atapuerca al heidelbergense. También en Atapuerca fue hallado en 2007 el premolar de un individuo datado en 1,2 millones de años, perteneciente a la que se supone una de las especies de homínidos más antiguas de Europa.

    Pero las sorpresas no vienen sólo de los nuevos descubrimientos. La datación de viejos fósiles con técnicas modernas ha causado una nueva conmoción en el mundo de la paleoantropología. De esta manera los viejos fósiles de Homo sapiens hallados en el río Omo, en Etiopía, nos han descubierto que los hombres modernos aparecieron en África hace 195.000 años, 35.000 años antes de lo que se creía.