Crítica artística y literaria

Procedente del verbo “criticar”, está considerada como la forma de hacer valoraciones subjetivas u objetivas acerca de las obras de las disciplinas reconocidas como artes. Lejos del aparente significado de prejuicio que la propia palabra lleva implícito (criticar como acción de juicio destructivo destinado a transmitir un aspecto exclusivamente negativo de algo o de alguien), sobre todo desde el siglo XIX, numerosos intelectuales y literatos han logrado que la crítica se haya convertido en un género literario por sí mismo.

Crítica literaria

La crítica literaria se refiere a cualquier argumentación acerca de literatura, independiente del análisis. Desde un punto de vista más preciso, el término alude a la interpretación del significado y al juicio cualitativo de una pieza literaria. En este sentido, este tipo de crítica se diferencia no sólo de la estética (la filosofía del arte), sino también de otras materias que atañen al estudiante de literatura, como cuestiones biográficas o bibliográficas; conocimientos de historia, de fuentes e influencias; además de por el método de análisis. En lo referente al aspecto académico, la crítica es a menudo considerada una disciplina independiente del conocimiento. En la práctica, sin embargo, esta separación desaparece, al combinarse criterio con información erudita, lo que sin duda añade más valor al ejercicio crítico.

Lo más común es que el énfasis de la crítica se ponga en establecer una valoración de las obras literarias, de sus autores y del lugar que éstos deben ocupar en la historia de la literatura.

Pero las funciones de la crítica literaria van desde la revisión de libros recientemente publicados hasta la de plantear un debate teórico e intelectual acerca de literatura.

Sobre la primera función, existe un peligro por la confusión producida cuando, a pesar de una mala crítica, un libro puede tener éxito comercial, resultado de que se confunda éxito con calidad. Por tanto existe una obligación, casi se podría calificar de moral, por parte de la crítica por tratar de despertar la sensibilidad, de forma que no se infravaloren de cara al mercado los libros en apariencia menos exitosos pero de mejor calidad.

Al determinar los críticos qué trabajo vale la pena o no, éstos son a menudo objeto de resentimiento. Los críticos maliciosos pueden infravalorar a un autor simplemente porque su gusto va a contracorriente de lo establecido. Los más pedantes, por su parte, se pierden en reflexiones intelectuales prestando atención a temas que en ocasiones se desvían hacia asuntos ajenos o que nada tienen que ver con la obra a valorar.

La responsabilidad de la crítica no debe ser para con la autoestima del autor sino para con el público, así como para con su propia capacidad de juzgar, la cual debería ser, como experto que es, muy rigurosa. Al tiempo debe contribuir a crear una atmósfera donde exista un público exigente, siendo a su vez responsable de la defensa de la buena literatura y de la calidad en la escritura.

Otra función, en su faceta también erudita, es la de desenterrar, autentificar y sacar a la luz nuevos manuscritos. Se trata de la faceta intuitiva e investigadora del crítico.

La literatura es una puerta de acceso al conocimiento, a los valores y a las ideas. Ello es causa de que la crítica haya ocupado un lugar en el debate también acerca de asuntos de índole social, política y cultural, sobre todo en la época moderna.

Los problemas aparecen cuando el crítico piensa que la literatura posee un valor independiente y una mayor afinidad con la realidad de la que tiene cualquier tendencia política. En los estados marxistas, por ejemplo, donde la literatura ha sido siempre considerada un medio con fines sociales, la crítica ha sido encasillada como una práctica parcial. Pero el materialismo dialéctico no convierte necesariamente al crítico en un mero guardián de la doctrina, aunque le prohíbe convertir la literatura en una causa en sí misma e independiente de las necesidades de la clase trabajadora. Allí donde predominan estas finalidades, la función de la crítica es fomentar la revolución social. La obligación del crítico en este caso no es para con sus textos sino para con la masa de gente cuyas conciencias deben avanzar en la dirección designada. En periodos de ortodoxia severa y en regímenes autoritarios, la práctica de la crítica literaria no ha podido diferenciarse de la censura.

Crítica artística

La crítica artística es la destinada a analizar y evaluar la calidad de las obras de arte. También, uniéndose al conocimiento, adquiere un papel interpretativo que la lleva a esforzarse por explicar las obras desde una perspectiva teórica, un factor favorecedor para establecer la relevancia y significado de las mismas en la historia del arte de forma más óptima.

La manera de evaluar y establecer criterios estéticos y de juicio varía según las culturas, existiendo concepciones distintas entre Oriente y Occidente. La crítica ha evolucionado paralelamente con la teoría estética occidental desde la antigua Grecia, para acabar de formarse durante los siglos XVIII y XIX.

Del crítico de arte se espera, en este caso, menos que sea un erudito; más que conocimiento, que también, debe tener capacidad de juicio y gusto. En ocasiones deberá, asimismo, tomar una elección: si defender viejos modelos, valores y jerarquías despreciando las nuevas o, por el contrario, apostar por lo nuevo frente a lo antiguo. En este caso, los artistas más innovadores y transgresores constituyen un reto extra para el crítico, al comprometer en ocasiones los límites de su comprensión y apreciación.

Donde no ha de caer la crítica es en la defensa de expectaciones establecidas y presuposición incuestionables sobre arte, sino en la exposición de sus nuevas posibilidades y en la exploración de nuevas propuestas.

El crítico por tanto posee cierto poder determinante sobre la historia del arte, y de influencia a la hora de crear el canon artístico. Lo hace evidente el hecho de que muchos de los movimientos histórico-artísticos han sido denominados por críticos, quienes, a su vez, se han responsabilizado de explicar la singularidad y el pensamiento de los artistas que los protagonizaban. Por otra parte, a pesar de que la historia del arte se asume como un campo de naturaleza objetiva, los historiadores no pueden evitar emitir sus juicios y preferencias, lo que los convierte, de forma muy sutil, en otra clase de críticos.

La crítica es, por tanto, objetiva y subjetiva, pero hay un factor emocional que, como dice el crítico y poeta francés Charles Baudelaire, resulta imprescindible, pues el arte implica también a los sentidos y a los sentimientos. Es lo que hace que la crítica sea a la vez poética, descriptiva, analítica o erudita. Incluso la crítica más periodística raramente es, hoy día, neutral.

Las afinidades subjetivas e intereses cognoscitivos del crítico y su percepción sobre las necesidades sociales, inevitablemente han afectado, aunque subliminalmente, el contenido de la crítica. En los siglos XX y XXI, teorías relacionadas con el marxismo y el feminismo a menudo han entrado en el terreno de la crítica de arte de forma directa, haciendo que las percepciones del crítico sobre las necesidades sociales sean aplicables también a la hora de evaluar el arte. En palabras del intelectual alemán H. R. Jauss, toda obra artística existe dentro de un horizonte de expectativa histórica y social. La respuesta estética que se obtiene de esa obra a menudo depende de cómo se ajusta a esas expectativas sociales condicionadas históricamente. La crítica constituye una difícil respuesta para un a menudo complicado arte. La historia de la crítica de arte es una narración de repuestas destinadas a establecer una diferencia tanto estética como social en la percepción y concepción general del arte, a menudo legitimando su cambio de rumbo.