Arquitectura islámica

El Taj Mahal, en la India

Paralelamente a lo que estaba sucediendo en occidente, la arquitectura del Islam se extendió según los preceptos de la nueva religión creada por Mahoma en el año 622, desarrollándose desde el siglo VII hasta nuestros días. Singular y claramente diferenciada de la occidental, los nuevos edificios musulmanes y sus nuevos trazados urbanísticos ocuparían un ámbito de tierra que iba desde el golfo de Bengala hasta el océano Atlántico.

Sin perder la unidad que de por sí transmite la religión islámica, la arquitectura tuvo múltiples variantes. La gran extensión de terreno que ocupaba ocasionó la aparición de gran variedad de edificios, que debían adaptarse a una multiplicidad de condiciones geográficas, así como a los vestigios y morfología heredados de las civilizaciones que en origen ocupaban dichos terrenos.

Además de la mezquita, los musulmanes se han revelado también, a los largo de la historia, como grandes constructores de palacios, mercados y de un nuevo concepto de urbanismo, a través del cual se edificaron ciudades enteras.

La mezquita

Mezquita de Ahmed I, Estambul

Al determinar la religión el devenir de la cultura musulmana, tenía que ser la mezquita el principal edificio del arte islámico.

El origen de su configuración estuvo en la casa del mismo Mahoma, en Medina, cuyo modelo sirvió para construir las primeras mezquitas, como las de Kufa y Basora, en Irak. Estaba formada por un recinto cuadrado de ladrillos cocidos con aberturas en los muros y un patio central. La estructura se realizó con troncos y palmeras que sujetaban una cubierta de cañizo. Al principio, la mezquita se orientó hacia el norte, pues allí estaba Jerusalén, pero luego Mahoma dispuso que se orientara hacia el sur, mirando a la Meca.

Las partes de la mezquita son las siguientes. La más importante es la quibla, que es el muro orientado hacia La Meca, lugar hacia el que los fieles dirigen sus plegarias. El mihrab es un nicho situado en la quibla que señala el lugar adonde se debe mirar mientras se lleva a cabo la oración; se introdujo en tiempos de los omeyas y pudo estar inspirado por la tipología de ábsides cristianos. El mimbar es una especie de púlpito móvil de madera desde el que el imán dirige la oración. Completan las partes fundamentales del templo musulmán el sahn o patio descubierto de acceso, donde se realizan las abluciones, y el alminar o minarete, desde donde se llama a los fieles a la oración (cinco veces diarias), cuyo precedente pudo estar en los campanarios cristianos.

En cuanto a los elementos estructurales, el principal ha sido siempre el arco en sus distintas variantes; el resto de ellos cambiaron a lo largo de la historia, determinados por las necesidades y las circunstancias geográficas del lugar.

En cuanto a la decoración, al ser la musulmana, por preceptos del Corán, una religión iconoclasta, se prohíbe cualquier representación religiosa en el templo de hombres o animales para evitar caer en la idolatría. Tan sólo aparecen formas geométricas y juegos de luz y color, anticipando formas que más tarde desarrollaría la abstracción y el arte conceptual.

Periodos históricos de la arquitectura islámica

Periodo omeya (siglos VII al XI)

Tras la proclamación del califato Omeya en el año 661 con capital en Damasco, el Islam se extendió con rapidez, llegando hasta la península Ibérica (711) en su dominio más occidental y hasta el valle del Indo en su límite oriental. La característica principal de esta primera etapa fue la asimilación de las formas romano-bizantinas y sasánidas.

Durante este periodo se desarrolló la tipología de mezquita hipóstila o basilical, configurada como si de una basílica cristiana se tratase, con tres naves, solo que con la orientación transversal y flanqueada por el sahn. Las diferentes variantes de este tipo de mezquitas venían determinadas por la disposición de las arquerías en la sala de oración, que podía ser paralela o perpendicular al muro de la quibla. Las más representativas de este periodo son las mezquitas de Damasco y Aqsa (715), y la Cúpula de la Roca (691), en Jerusalén.

Otros edificios típicos de la arquitectura omeya fueron los palacios del desierto, lujosas residencias como los de Qusayr Amra y Mshatta, en Jordania, Qasr al-Hayr al-Garbi y Qasr al-Hayr al-Sharqi, ambos en Siria, y Jirbet al-Mafyar, en Israel.

En el terreno decorativo, los omeyas añadieron al repertorio ornamental islámico un elemento clave que marcaría el devenir de las artes durante los próximos siglos: la caligrafía árabe o escritura cúfica, con la cual se escribían los versículos del Corán que decoraban los interiores y algunas partes externas de las mezquitas. También hubo un tímido intento por representar imágenes, algo a lo que enseguida puso fin la ortodoxia religiosa.

Periodo abasí (siglos VIII al XIII)

En el año 750 los omeyas fueron expulsados del califato por los abasíes, un hecho que les obligó a huir para acabar estableciéndose en la península Ibérica y fundar al-Ándalus.

El califato establecido por la dinastía Abasí trajo consigo una serie de novedades políticas que repercutirían en el desarrollo de la arquitectura. Por una parte, trasladaron la capital a Bagdad, convirtiendo esta ciudad en el centro del Islam, desde donde se tomarían las nuevas decisiones políticas; otra medida fue otorgar al califa una dimensión sagrada. Estas novedades ocasionaron la edificación de ciudades cortesanas en las que eran erigidos grandes y suntuosos palacios, los cuales, por lo general, se inspiraron en el modelo sasánida de patio crucero para realizar los jardines que albergaban. Entre las ciudades más importantes llevadas a cabo por los abasíes se encuentran la ciudad redonda de Bagdad o Samarra.

En las mezquitas se introdujeron una serie de novedades con respecto a la época anterior. La mezquita de Samarra se construyó en ladrillo, añadiendo un minarete en espiral cuya forma recordaba a los zigurats mesopotámicos. Otra novedad fue la incorporación de un nuevo espacio, el iwan, sala rectangular abovedada con un abertura en uno de sus flancos.

El ámbito de influencia del arte abasí ha sido muy importante desde que el califato comenzó a disgregarse por las guerras con los turcos, hacia la segunda mitad del siglo IX. La disgregación provocó el nacimiento de numerosos estados que introducirían sus novedades arquitectónicas a partir del legado abasí.

Los aglabíes, que ocuparían lo que hoy conocemos por Túnez y Argelia, construyeron ciudades palaciegas como al-Abbasiyya y Ráqqada; pero sobre todo edificaron la mezquita de Qayrawan (siglo IX), una de las más imponentes del arte islámico. Ésta se ejecutó mediante la célebre configuración en forma de “T”, consistente en dar predominancia constructiva y estética a la nave central perpendicular y a la paralela situada junto al muro de la quibla; destaca también el sahn, rodeado por una galería de arcos de herradura en sucesión. El esquema en “T” se establecería como modelo para la construcción de la mezquita de Córdoba, así como para el resto de las mezquitas del norte de África. Dentro de la arquitectura aglabí se sitúa también un nuevo tipo de edificación, el ribat, una construcción de carácter defensivo que hacía las veces de convento y fortaleza.

Otras mezquitas abasíes que se ampliaron o modificaron en el siglo X fueron las de la región persa, como la de los viernes de Isfahan, cuya espectacular cúpula fue realizada a comienzos del siglo XVII y la de Nayin (960), ricamente decorada con estucos.

Periodo fatimí (siglos X al XII)

El califato fatimí surgió en Túnez en el año 909 y pronto se expandió por el norte de África hasta llegar a Egipto, reinando hasta el año 1171. El curioso nombre procede Fátima, hija del Mahoma, ya que los califas fatimíes se consideraban descendientes directos de ésta y de Alí, cuarto califa ortodoxo.

Los fatimíes establecieron la nueva capital en Mahdiya, donde edificaron un nuevo tipo de mezquita. Ésta tenía una fachada flanqueada por torres cuadrangulares y una gran portada monumental muy similar a los arcos de triunfo romanos, modelo que sería empleado en toda la parte norte del continente africano.

Tras la conquista de Egipto en el año 969, fundaron la ciudad que sería desde ese momento la capital, al-Qahira (que hoy conocemos por El Cairo), donde construyeron las mezquitas de al-Hakim, al-Aqmar y al-Azhar. Ésta última, también llamada “la espléndida” merece especial atención. Su sahn o patio está rodeado por un pórtico con finas columnas que sostienen arcos apuntados, mientras unos tirantes de madera unen los arcos al nivel de las impostas. La sala de oración se configuró en principio a base de cinco intercolumnios paralelos al muro de la quibla; en el centro una nave basilical nos lleva al mihrab. En 988, la mezquita albergó la primera madrasa, lugar de enseñanza de estudios superiores al que sólo accedían los hombres.

Arquitectura en al-Andalus y el norte de África

Tras el establecimiento del emirato omeya en al-Andalus, en 980 Abd al-Rahman I mandó edificar la mezquita del nueva capital, Córdoba, que fue ampliada en los sucesivos siglos. Al-Hakén II fue quien adaptó el edificio al esquema en “T”, entrecruzando los arcos lobulados que aparecieron durante la ampliación de Abd al-Rahman III . El mihrab, ricamente decorado, era de planta poligonal, marcando un modelo que tomarían el resto de mezquitas del norte de África.

Otro lugar emblemático andalusí fue la ciudad palatina de Medina Azahara, fundada por Abderrahman III en 936 y continuada por Al-Hakén II. Tras realizar excavaciones, entre lo mejor conservado se encuentra el Salón Rico, un espacio para recepciones con planta basilical de tres naves longitudinales y otra transversal en su entrada que actúa de pórtico.

Con el dominio del occidente islámico de los almorávides primero, entre 1056-1147, y de los almohades después, 1130-1269, el arte pasó por varias fases. A la austeridad ornamental primera le sucedió una segunda llena de elementos decorativos. Las mezquitas almorávides más importantes fueron la de Tremecén, en Argel, y Qarawiyin en Fez; las almohades Hasan, en Rabat, y Qutubiyya, en Marrakech, introdujeron varias novedades. Por un lado, como ya sucedió en la de Sevilla, dispusieron alminares compuestos por una torre exterior que alberga otra interior, entre las que discurre una escalera o rampa; también crearon un nuevo motivo ornamental, la sebqa: un tipo de relieve para el exterior de los muros parecido a un red y compuesto por una trama doble formando rombos.

Los almohades aportaron también novedades en la arquitectura militar almohade y palatina, inventando los jardines cruceros.

Los nazaríes, última dinastía islámica de al-Ándalus, establecieron su capital en Granada, donde construyeron la ciudad áulica de la Ahambra, síntesis de la arquitectura palatina y militar, disponiendo en sus proximidades la almunia o huerta real con palacio, el llamado Generalife.