Arquitectura megalítica

    En la franja atlántica europea, de norte a sur, a mediados del V milenio a.C., hizo su aparición el megalitismo, sorprendentes sepulcros colectivos en piedra con frecuencia levantados en emplazamientos sobrecogedores, que representan la más antigua forma de arquitectura. Su presencia significa no sólo la existencia de grupos humanos poseedores de una concepción religiosa propia, sino de una organización social avanzada sin la cual no habría sido posible su construcción.

    Favorecidos por los cambios climáticos, con el descubrimiento de la agricultura los hombres se hicieron sedentarios; atarse a la tierra para esperar la recogida de las cosechas acarreó el mayor cambio de la historia de la humanidad: la revolución neolítica. La caza dejó de ser necesidad urgente y una nueva forma de vida en poblados desplazó definitivamente el nomadismo anterior, dando lugar también al nacimiento del pastoreo, el tejido, la carpintería, la cerámica y la arquitectura.

    Estudios científicos han desvelado la importancia del culto a los muertos con el que se relaciona el nacimiento de la arquitectura megalítica. Grandes piedras toscamente labradas o sin labrar, solas o en conjuntos, con objeto de significar un lugar determinado; se trata de monumentos religiosos y enterramientos que se pueden encontrar en cualquier parte del mundo, aunque pertenezcan entre sí a épocas diferentes.

    Pueden clasificarse en cuatro tipos: menhir, crómlech, alineamiento y cámara funeraria. El más sencillo de los megalitos es el menhir, una piedra única hincada en la tierra verticalmente a la que se ha pretendido dar cierta forma alargada o cúbica, y que, en algunos casos, puede alcanzar los veinte metros de altura, como los de Bretaña, en Francia. En algunos lugares se encuentran alineados los unos con los otros formando una hilera; es el caso de Carnac y Avebury, también en Francia, o en círculo, los crómlech, cuyo ejemplo más asombroso es el de Stonehenge en Inglaterra. Éste lo forma una estructura circular de unos cien metros de diámetro, para la que fue necesario desplazar grandes monolitos pétreos traídos desde Gales, a más de doscientos kilómetros de distancia. Los círculos dejan una avenida de entrada que está orientada al sol naciente en el solsticio de verano. El conjunto siguió en uso durante más de 1.500 años.

    El megalito más complejo es el dolmen, una sepultura colectiva formada por un corredor y una cámara cubierta con falsa cúpula construida con hiladas de piedra que se aproximan en el centro. Entre los mejores ejemplos se encuentran las cuevas de Menga y del Romeral, en Antequera, Málaga, al sur de España. Los interiores de algunos de estos monumentos megalíticos podían estar decorados con sencillos motivos geométricos. Parece ser que su realización estaba por encima de pueblos y fronteras, tesis reafirmada al comprobar que los cadáveres enterrados junto a estos monumentos pertenecen a razas diversas; además, la lejanía entre la cantera y el emplazamiento no significaba un inconveniente para su realización. En algunos dólmenes de corredor se han encontrado pilares decorados con grabados que representan hachas. Existen muchos lugares con este tipo de arte: Newgrange, en Meath, Irlanda; Locmariaquer, en el Morbihan, Francia, o los templos trilobulados de la isla de Malta.

    En las Islas Baleares se encuentran también los talayots, torres de carácter defensivo que corresponden a épocas posteriores y que, por su parecido con las nuragas de Cerdeña, se asocian con el tráfico comercial por el Mediterráneo.

    Antiguamente se pensaba que la arquitectura megalítica tenía su punto de origen en Egipto, pero gracias a la datación radio-carbónica se descubrió que muchos monumentos europeos de las tierras atlánticas son muy anteriores a las pirámides del valle del Nilo. Existen ejemplos de arquitectura megalítica repartidos por los cuatro continentes, pero pertenecen a épocas muy diversas y, por lo tanto, deben ser considerados como fenómenos independientes. Los de Europa occidental se datan en la prehistoria, principalmente en el neolítico y en la edad de bronce. En la India fueron probablemente realizados durante los primeros siglos de la era cristiana, mientras que los encontrados en la isla de Pascua se consideran contemporáneos de la edad media.

    La desnudez con la que una construcción megalítica se impone en el paisaje se debe a la tensión de su masa de piedra hincada en la tierra en medio de un llano. Pero estas construcciones exigieron que sus artífices inventaran sistemas para transportar e hincar en el punto decidido las enormes piezas elegidas; más tarde quisieron levantar muros que luego habrían de techar. Habían inventado la arquitectura, o lo que es lo mismo, levantar unos muros y cubrir un espacio.