Arquitectura contemporánea

Casa Batlló en Barcelona, por Antonio Gaudí

La arquitectura en el siglo XX ha tenido en la experimentación con nuevos materiales el principal motivo de cambio. Acero y hormigón son los materiales que han revolucionado la arquitectura, pues con ellos se han podido llevar a cabo las nuevas tipologías de edificios como los rascacielos, así como el cambio de concepto de vivienda masiva en vertical, facilitada, a su vez, por la invención del ascensor.

Nuevas tipologías de edificio como el rascacielos, nuevos materiales y un estilo racionalista de edificación constituyen los principales rasgos que caracterizan a la arquitectura desarrollada a lo largo del siglo XX. Al mismo tiempo, en 1908, el arquitecto Adolf Loos (1870-1933) publicó Ornamento y delito, un escrito que, desde el título, defendía esta nueva manera de concebir la arquitectura.

Orígenes de la arquitectura contemporánea

A raíz del incendio sufrido por Chicago en 1871 y ante la necesidad de reconstruir la ciudad rápidamente, se empezó a poner en práctica un tipo de edificio en vertical (el rascacielos) que nacía de un esqueleto de acero y unos cimientos realizados en hormigón. Este sistema resolvió dos problemas de una vez: el derivado de la falta de suelo y el de la escasez de tiempo. Esta forma de construir denominada Chicago construction dio origen a la que sería el referente y punto de partida para el desarrollo de toda la arquitectura del siglo XX, la Escuela de Chicago. Con ello nacía también un concepto racionalista de la arquitectura, basada en la austeridad decorativa y en la eliminación de cualquier elemento que no aportara nada desde el punto de vista constructivo, a lo que se añadía la utilización del acero, el cristal y el hormigón armado, los principales materiales de la nueva arquitectura.

El país en el que se empezaron a gestar las nuevas ideas fue Alemania, concretamente en Berlín. Del estudio de Peter Behrens salieron los principales protagonistas de la arquitectura durante la primera mitad de siglo, como Mies Van der Rohe, Le Corbusiery Walter Gropius. Este último, junto con Adolf Meyer, proyectó la fábrica Fagus en 1911, en lo que constituye un ejercicio arquitectónico nunca visto hasta ahora, pues en ella se podían ver, entre otras cosas, escaleras de cristal y acero totalmente transparentes.

En el resto de Europa destacaron arquitectos como el francés Tony Garner, uno de los pioneros en el uso del hormigón, que empleó para proyectar toda una ciudad industrial en Roma. A éste le siguió August Perret, que construyó el teatro de los Campos Elíseos de París en 1913, también con hormigón.

En los Estados Unidos, el gran revolucionario de comienzos de siglo fue Frank Lloyd Wright, realizando el Larkin Office Building de Búfalo, primer edificio con puertas de vidrio y aire acondicionado, o la iglesia unitaria de Oak Park (1906). Gracias a la publicación de sus dibujos en 1910, su lenguaje y trabajo pudo conocerse y a la vez crear escuela en Europa.

Sinagoga Beth Sholom, por Frank Lloyd Wright

A partir de los años veinte, y aunque Europa había quedado muy mermada por la guerra, la arquitectura empezó a experimentar una evolución a través de las diferentes escuelas y estilos que fueron surgiendo a lo largo del siglo.

La Bauhaus

La Bauhaus, fundada en Weimar, Alemania, en 1919 por el arquitecto Walter Gropius, fue la escuela de arte y arquitectura donde se elaboraron las teorías sobre las que se asentó el concepto de arte moderno, al tiempo que creó una nueva forma de enseñar arte de la que harían uso, en el futuro, la mayoría de las escuelas de arte del mundo. A través de las lecciones impartidas por los artistas que en ella trabajaban, la Bauhaus se convirtió en el centro de difusión de las múltiples tendencias y movimientos que se iban produciendo a lo largo de los años veinte. Por ella pasaron Paul Klee o Wassily Kandinsky, que no enseñaron pintura sino teoría acerca de la forma y sus propiedades. Otros artistas como Theo Van Doesburg o Moholy-Nagy introdujeron las ideas del constructivismo ruso, lo que conllevó la defensa del arte práctico y funcional, ausente de complejidad y donde primarían las formas elementales.

Fue importante también la gran exposición de la Bauhaus celebrada en 1923, donde se expusieron los proyectos y en general la arquitectura más actual construida en Europa, pudiendo verse a través de planos y fotografías edificios tan emblemáticos como la casa Horn.

El Estilo Internacional

© 2008 Tebas

Por Estilo Internacional se conoce al generado a partir de las distintas tendencias arquitectónicas del momento y desde 1925 en el ámbito de Europa y los Estados Unidos. Al carecer de un cuerpo teórico fuerte, se convirtió en un estilo anodino pero de fácil adaptación y sentido funcional, por lo que fue enseguida adoptado por el mundo occidental y las políticas constructivas de los países en desarrollo.

Con este estilo se empezó a edificar, a partir de 1925, el tipo de vivienda social alemana, basada en un diseño simple, práctico, de hormigón y sin más elementos que los indispensables para cumplir su función. Por otra parte surgieron las ciudades jardín, pequeños núcleos compuestos por edificios de vivienda colectiva, austeros y con ausencia de adorno y de formas geométricas. En las proximidades de Berlín, Bruno Taut proyectó ciudades como la Hufeisen en Britz, y Waldsiedlung, en Zehlendorf, ambas de 1931, y la Siemens-stadt, en la que participaron arquitectos de la talla de Hans Scharoun, Walter Gropius u Otto Bartning.

El Estilo Internacional pudo verse expuesto en 1927 en una exposición organizada en Weissenhof, Stuttgart. En ella se exhibió la nueva arquitectura que empezaba a imperar en el mundo. Con ocasión de la muestra se construyó una pequeña ciudad, donde el urbanismo fue planificado por Mies van der Rohe y los edificios fueron proyectaos por grandes figuras como Behrens, Le Corbusier, el propio Mies, Josef Frank, Bruno y Max Taut, Gropius, Poelzig, Adolf Rading, Hans Sharoun o Richard Döcker, entre otros. Desde esta exposición, el Estilo Internacional se comenzó a difundir por Europa a través del trabajo de arquitectos como Victor Bourgeois, en Bruselas; Robert Mallet-Stevens en Francia; Giuseppe Terragni, en Italia; o Gunnar Asplund, en Suecia.

La decadencia ha llegado cuando el concepto de vivienda social se ha confundido con el de vivienda de masas, caracterizada por la repetición impersonal de modelos, los materiales baratos y el excesivo predominio de lo funcional sobre lo estético.

Despacho telegráfico del diario Die Zeit, por Otto Wagner

En los Estados Unidos, durante los años treinta, predominó la construcción de rascacielos, sobre todo en Nueva York, de estilo neogótico. Pero también el Estilo Internacional se hizo presente en el trabajo de los arquitectos neoyorquinos Raymond Hood y John Mead Hoowells, autores de emblemáticos edificios como el del Daily News, el McGraw Hill o la Radio City del Rockefeller Center.

El Estilo Internacional estuvo presente también en la vivienda unifamiliar, donde los discípulos de Wright, Richard Neutra y Rudolf Schindler realizaron casas como la Lovell Health en Los Ángeles y la Lovell Beach en Newport Beach respectivamente.

Los años treinta y la Segunda Guerra Mundial

El régimen nazi alemán propició que la mayoría de los mejores arquitectos alemanes emigrara a los Estados Unidos. Mientras, en el resto de países con regímenes totalitarios, como Italia o la URSS, se empezó a recuperar un estilo arquitectónico de estética claramente neoclásica.

Paralelamente, siguió apareciendo la arquitectura singular y nueva de los grandes maestros como Le Corbusier, Wright o el finlandés Alvar Aalto.

© 2008 Tebas

Le Corbusier, aparte de otorgar más dedicación a su obra teórica, volcó sus esfuerzos en la realización de innovadores edificios (iglesia de Ronchamp) y de grandes proyectos urbanísticos como los de Argel, Buenos Aires, Sao Paulo o Montevideo. En Río de Janeiro construyó el Ministerio de Educación Nacional (1943) junto con Óscar Niemeyer y Lúcio Costa, obra cumbre y referente claro de la arquitectura sudamericana. Costa y Niemeyer fueron también quienes desarrollaron el colosal proyecto de Brasilia.

En los Estados Unidos, Frank Lloyd Wright construyó su célebre Casa de la Cascada (1936), máximo exponente de la arquitectura orgánica en perfecta armonía con la naturaleza; los laboratorios Johnson, en Wisconsin, y el museo Guggenheim de Nueva York, cuyo espacio continuo circular y ascendente se logró a través de un estudio acerca de la relación entre la diagonal y el círculo.

En Finlandia, Alvar Aalto mantuvo, al igual que Wright, la concepción orgánica en la arquitectura, de espacios continuos y curvos, como mostró en la biblioteca de Vyborg (1935), que tardó dieciocho años en hacer.

La arquitectura tras la Gran Guerra

El neoclasicismo característico de los años treinta tuvo como consecuencia una tendencia hacia el formalismo, caracterizado por derivar el dominio en el uso del hormigón armado hacia un decorativismo carente de contenido.

No obstante, fueron de nuevo los grandes arquitectos los que se encargaron de superar el estancamiento, mediante la búsqueda de lo que las nuevas técnicas constructivas podían dar de sí. El hormigón armado empleado en los pilares de los laboratorios Johnson de Wrigth o la bóveda de la capilla de Pampullha de Niemeyer, sirvieron como ejemplo para futuras investigaciones acerca de esta nueva técnica. A partir de ahora, la técnica se puso al servicio de la arquitectura bajo la idea de que su evolución dependía del desarrollo de los métodos constructivos.

Así surgieron arquitectos como Jean Prouvé, quien en 1930 llevó a cabo la primera vivienda con estructura de metal ligero y se inventó el muro-cortina, consistente en colocar una estructura metálica de elementos prefabricados para soportar el peso del edificio, el cual se cerraba con láminas de vidrio que formaban las grandes superficies acristaladas.

Partiendo de estas novedades nació la arquitectura de los años cincuenta. A partir de 1945 se generaron dos tendencias: la americana, caracterizada por la construcción metálica y el empleo del muro-cortina, y la europea de la arquitectura prefabricada; y ambas unidas por el concepto de industrialización.

Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, por Oscar Niemeyer

Partiendo del muro-cortina, se generaron los rascacielos de cristal y acero en los Estados Unidos de los años cincuenta. En 1945, Le Corbusier proyectó un rascacielos para la ONU, mientras que Mies Van der Rohe llevó a cabo el Lake Shore Drive (1951) de Chicago o el Seagram Building (1958) de Nueva York; en Detroit, Eliel y Eero Sarinen ejecutaron el Centro de Investigaciones de la General Motors (1955).

Los rascacielos de acero y cristal fueron menos abundantes en Europa, a pesar de realizarse extraordinarios ejemplos como el edificio SAS (1959), en Copenhague, de ARNE Jacobsen; la torre Galfa (1959) en Milán, de Melchiorre Bega; el Phoenix-Rheinrohr (1960) en Düsseldorf, de Helmut Hentrich y Herbert Petschnigg; la torre Nobel de la Defensa (1966) en París, de Jean de Mailly; o el rascacielos Pirelli (1958), en Milán, de Gio Ponti y P. L. Nervi. Más importante en Europa, debido a las consecuencias de la guerra y a la explosión demográfica, fue el mayor desarrollo que adquirió la vivienda social. En la URSS, en Gran Bretaña (donde alrededor de Londres se desarrollaron, partiendo de las antiguas ciudad jardín, las «ciudades nuevas») y en Francia, donde destacó la «ciudad radiante» de Le Corbusier en Marsella (1952), se dieron los mejores ejemplos.

Otro tipo de arquitectura que comenzó a destacar a partir de los cincuenta fue la japonesa, cuya renovación encontró inspiración, como ya ocurrió en Sudamérica, en Le Corbusier. De él aprendieron Maekawa Kunio y Junzo Sakakura, quienes adaptaron las posibilidades del hormigón a un estilo típico japonés, del cual Tange Kenzo es, posiblemente, el maestro indiscutible hasta finales de siglo.

Conforme se aproximaban los años sesenta, la arquitectura evolucionó hacia una tendencia subjetiva, “manierista” y anti-naturalista caracterizada por la diversidad espacial, la búsqueda de nuevas soluciones y de diferentes puntos de vista. A esta tendencia perteneció Eero Saarinen, quien en 1956 realizó el proyecto para la terminal de la TWA del aeropuerto de Kennedy de Nueva York. En ella dispuso una cubierta de hormigón con forma de silla de montar e interpretó libremente el espacio a base de un sistema de curvas y aristas opuesto a toda ortogonalidad. Este «manierismo» alcanzó su máxima expresión en 1957 con el espectacular proyecto de la Ópera de Sydney de Jorn Utzon.

Paralelamente, tuvo lugar el denominado brutalismo, de los ingleses Allison y Peter Smithson, basado en la búsqueda de la individualidad y un eclecticismo a la vez historicista y contemporáneo.

En las últimas décadas del siglo XX y las primeras de la presente centuria alcanzaron gran importancia proyectos diversos, como museos, centros cívicos y comerciales, y aeropuertos, que se convirtieron en puntos de referencia de las ciudades donde se erigían. Por otra parte, la constatación del cambio climático y la necesidad de fomentar el uso eficiente de la energía tuvieron un eco muy notable en los proyectos arquitectónicos desarrollados durante el siglo XXI. En numerosos países se impulsaron normativas de «arquitectura verde», inspiradas en medidas de respeto ecológico y eficiencia energética, que contemplaban aspectos como el diseño de fachadas inteligentes, la instalación de placas fotovoltaicas y elementos de recogida de aguas de lluvia y la integración con el entorno paisajístico y urbano.

Entre los arquitectos más reconocidos de los inicios del siglo XXI destacan el británico Norman Foster, el estadounidense Frank Owen Gehry, el japonés Tadao Ando, el italiano Renzo Piano, el francés Jean Nouvel, la angloiraquí Zaha Hadid y el español Rafael Moneo. Como obra singular del periodo puede señalarse la construcción del rascacielos Burj Khalifa, que en el momento de su inauguración en 2010 se convirtió en el edificio más alto del mundo.

Esquema de la Arquitectura contemporánea

La arquitectura en el siglo XX se caracteriza por la experimentación con nuevos materiales. El acero y el hormigón son los materiales que revolucionan la arquitectura, al permitir construir nuevas tipologías de edificios como los rascacielos, que nacen de un esqueleto de acero y unos cimientos realizados en hormigón.

El siglo XX trae aparejado un concepto racionalista de la arquitectura, basado en la austeridad decorativa y en la eliminación de cualquier elemento superficial.