Órgano de tubo

Instrumento musical de teclado, perteneciente a la familia de viento.

Forma

El órgano está formado por un juego de tubos, controlados por uno o varios teclados superiores (también denominados “manuales”), así como por un pedalier inferior que sigue la disposición de éstos y se toca con los pies del intérprete. Se compone asimismo de distintos registros (trompeta, flauta, címbalo, trompa, clarín, etc.) que permiten una gran variedad tímbrica: entran en funcionamiento por medio de palancas situadas cerca del teclado o teclados superiores para su fácil y rápido manejo.

El principio de este instrumento es la generación del sonido al hacer pasar el aire por tubos de diferentes longitudes. En sus orígenes, el suministro del aire se efectuaba mediante fuelles activados a mano, mientras que hoy día se lleva a cabo gracias a un motor eléctrico.

Historia

Entre los siglos VIII y IX llegaron órganos desde Bizancio al reino de los francos, como obsequios imperiales para Pipino y Carlomagno. Los primeros órganos eclesiásticos se emplazaron en Aquisgrán (812), Estrasburgo (siglo IX) y Winchester (siglo X). Durante los siglos XIV y XV, el órgano ya disponía de muchos registros, varios manuales y pedales. En el siglo XVII, las tuberías se tornan abundantes y se incrementan los registros particulares, especialmente en Alemania y Francia. Importantes constructores de órganos de los siglos XVII y XVIII fueron A. Schnitger, los hermanos Andreas y Gottfried Silbermann, y R. Cucquot. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, el órgano perdió su carácter de mecanismo acabado en beneficio de un ideal sonoro romántico con colores orquestales y transiciones dinámicas fluidas, buena muestra de lo cual es el órgano de Cavaillé-Coll (1811-1899). El movimiento organístico que se inició hacia 1900 se orientó de nuevo hacia los ideales sonoros del Barroco.