Violoncello

Instrumento musical perteneciente a la familia de cuerda frotada.

Forma

El violoncello tiene una longitud de cuerpo de 74-76 centímetros y una longitud global en torno a los 120 centímetros. Se toca entre las piernas, su peso se apoya en el suelo por medio de una pica retráctil y se frota mediante un arco con la palma de la mano derecha boca abajo. A excepción de sus aros más profundos, sus proporciones y su construcción son similares a las del violín. Sus cuatro cuerdas (Do Sol Re La) se afinan por quintas y suenan una octava más grave que las de la viola. Su extensión abarca varias octavas y su timbre aterciopelado y suave recuerda a la voz humana, haciendo de él uno de los instrumentos más cercanos al intérprete. Al igual que el violín y la viola, puede ejecutar dobles cuerdas.

Historia

Apareció por primera vez en el siglo XVI como sucesor de la viola de gamba, quedando definido su papel en la orquesta al acompañar y alternar con los violines. Durante todo el siglo XVII el violoncello estaba provisto a veces de cinco cuerdas y se convirtió en un instrumento de conjunto, que solía tocar la línea de bajo en las partes de bajo continuo. Las obras para violoncello solista más antiguas que se conocen son los Ricercares de Domenico Gabrieli, publicados en 1675.

Desde los inicios del siglo XVIII ha surgido una extensa literatura para violoncello tanto en su faceta de instrumento solista (las Seis Suites para violoncello solo de Bach se encuentran entre las obras más conocidas de cualquier época) como en la de integrante de conjuntos orquestales o camerísticos.

El siglo XIX confiere al instrumento carácter solista gracias a composiciones como las sonatas para violoncello y piano de Schumann, Mendelssohn, Chopin y Brahms. Las obras más emblemáticas de los siglos XIX y XX para orquesta y violoncello solista son conciertos de Beethoven, Schumann, Saint-Saens, Tchaikovsky, Lalo, Bruch, Brahms, Dvorák, Elgar, Prokofiev o Shostakovich.