Música de cámara

Música concebida para un grupo reducido, generalmente instrumental, con un solo instrumentista por cada parte.

Evolución histórica

En el siglo XIX y buena parte del XX, significaba música instrumental para grupos pequeños en la tradición procedente de los maestros clásicos vieneses, Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven. Una gran parte de esta música está escrita en formato de sonata en cuatro movimientos y lleva títulos abstractos que indican el número de instrumentos empleados (trío, cuarteto, quinteto, sexteta, septeto, octeto o noneto).

Aunque la música de cámara se ha escrito casi siempre para cuerda en agrupaciones fijas, fundamentalmente el cuarteto de cuerda, también se han utilizado con frecuencia piano y cuerda, un conjunto mixto de viento y cuerda, viento solo y otras combinaciones. La música para un solo intérprete, con o sin acompañamiento, suele quedar excluida de esta definición, porque la interacción entre las voces se considera un elemento esencial de la misma.

Desde el siglo XVI hasta finales del XVIII, el término se utilizó de modo diverso, con toda la música clasificada en tres grandes categorías: cámara, iglesia y –después de la aparición de la ópera– teatro. Esta clasificación se basaba fundamentalmente en la función social de la música y sólo secundariamente en las diferencias de estilo, forma y plantillas interpretativas.

La música de cámara incluía todo tipo de música profana que pudiera interpretarse en la institución musical de una residencia privada, ya fuera vocal o instrumental, para solista o para conjunto, incluida también la música para orquesta. Las orquestas de mediados del siglo XVIII no solían ser mucho mayores que los conjuntos de solistas con tan sólo un intérprete por parte y a veces no resulta fácil distinguir, a partir del estilo, la música escrita para una u otro. Más tarde, en ese mismo siglo, surgió una divergencia cada vez mayor entre los dos por las dimensiones y el estilo de su música, ya que la transferencia del centro de actividad de la orquesta a la sala de conciertos pública creó las condiciones para su rápido crecimiento.

En parte de este contexto, aunque en contraste con él, Haydn desarrolló, especialmente en sus cuartetos de cuerda, un estilo basado en un alto grado de igualdad, independencia e interacción entre las voces. Esto incrementó en gran medida el interés musical y las posibilidades expresivas del género, que exploraron más adelante Mozart y Beethoven. La obra de estos tres compositores condujo al concepto de música de cámara como un arte intimista de un gran espectro expresivo.

Según la orquesta fue creciendo en tamaño y en posibilidades tímbricas en el siglo XIX, la música de cámara, con su alcance más reducido, empezó a considerarse bajo una luz algo reverencial como el más intelectual, el más profundo y el más puro de los géneros instrumentales. Con la complejidad cada vez mayor de los estilos compositivos, crecieron las demandas que se exigían a los intérpretes; los conciertos de música de cámara tocados por profesionales devinieron más frecuentes, mientras que descendió el número de interpretaciones a cargo de aficionados.

Durante buena parte del Romanticismo, la música de cámara más importante la alumbraron compositores de la escuela alemana (principalmente Franz Schubert, Felix Mendelssohn, Robert Schumann y Johannes Brahms), que retomaron bastantes de las características de los compositores vieneses como para constituir una tradición dentro del género. Compositores como Franz Liszt, Anton Bruckner o Richard Strauss, estilísticamente más radicales y proclives a la música programática, escribieron relativamente pocas obras en este género. A finales del siglo XIX, la música de cámara floreció de la mano de Franck, Fauré y Claude Debussy.

La tradición clásica siguió cobrando fuerza en la música de cámara del siglo XX y el cuarteto de cuerda fue muy cultivado por compositores de tendencias estilísticas muy diferentes, como Bela Bartók, Arnold Schoenberg, Carter, Bloch, Milhaud, Villalobos, Dimitri Shostakovich y muchos otros. Al mismo tiempo, se realizaron todo tipo de experimentos con combinaciones infrecuentes de instrumentos, con participación de voces, elementos electrónicos, nuevas formas y métodos compositivos que expandieron los límites del género e hicieron necesario una definición más amplia del mismo.