Música pop (Música popular)

Los supertramp en el escenario

Aunque en su sentido estricto se llama música pop a un subgénero creado en la década de 1960, la música popular entendida de forma amplia define, desde el siglo XVIII, a un género distinto tanto de la música folclórica como de la música clásica o culta. Difería de la primera en que estaba compuesta y no se transmitía de forma oral, y en que desarrollaba un estilo musical que no era característico de una región o grupo étnico determinado. Aunque muchas de las primeras piezas de la música popular tenían en común rasgos generales con la música clásica del momento, eran más breves y más sencillas, aparte de que planteaban menores exigencias tanto al intérprete como al oyente.

Desarrollo de la música popular

Entre los factores que contribuyeron al desarrollo de la música popular se pueden destacar los siguientes: 1) La aparición y el crecimiento de una clase media y culta, comprometida con una música de nueva creación pero sin la herencia cultural de la música clásica. 2) La producción en masa de instrumentos capaces de tocar acordes como la guitarra, la concertina y el piano. 3) El desarrollo de métodos nuevos y menos costosos de edición musical. 4) La aparición de un nuevo teatro musical popular, que se valía de canciones que podían difundirse ampliamente en forma de partituras baratas para su consumo doméstico. Estos factores se dieron en Inglaterra en el segundo cuarto del siglo XVIII: las canciones de las ballad operas y de los teatrillos de los parques se imprimían en partituras que compraban los aficionados más avanzados para su uso doméstico.

Las piezas de mayor éxito de este repertorio se difundían y se interpretaban en todas las islas británicas, así como en las otras colonias anglófonas del resto del mundo. El crecimiento del alfabetismo musical comportó también la composición de música coral con modestas exigencias para el cantante y que estaba concebida para la interpretación doméstica o a cargo de aficionados, así como un repertorio para teclado destinado a intérpretes de una técnica limitada: variaciones sobre melodías famosas, danzas y piezas descriptivas o características, y transcripciones simplificadas de piezas del repertorio clásico.

El siglo XIX

Esta tendencia alcanzó su punto álgido con el cambio de siglo y en las primeras décadas del siglo XIX con las obras de Robert Burns y Thomas Moore. Burns ajustó sus propios poemas a melodías folclóricas escocesas: la publicación comenzó en 1787 en The Scots Musical Museum y pronto los editores comerciales comenzaron a publicar canciones individuales en forma de partitura. Las Irish Melodies de Moore, creadas del mismo modo, aparecieron en forma de serie entre 1808 y 1834, y varias docenas de ellas se convirtieron en las canciones más difundidas en lengua inglesa de todo el siglo.

Este periodo fue testigo de la aparición de las primeras canciones características creadas en Estados Unidos, las melodías del teatro de minstrels. Se pusieron nuevos textos a melodías procedentes de la tradición folclórica angloamericana que se suponía que reflejaban el carácter de los negros americanos. El banjo, creado por los esclavos en imitación de instrumentos que ellos o sus antepasados habían conocido en África, fue el instrumento acompañante más importante, que tocaba en un principio diseños ostinato no armónicos que sugerían también la práctica africana.

Europa, especialmente las islas británicas, siguió produciendo autores de canciones de gran talento para su empleo en las casas y en el teatro en el siglo XIX –John Braham, Charles Edward Horn, sir Henry Bishop, Samuel Lover, Claribel y sir Arthur Sullivan–, pero sus canciones, que gozaron de un gran éxito, continuaban esencialmente tradiciones enraizadas en el siglo XVIII. Fue el americano Stephen Collins Foster (1826-64) quien abrió nuevos caminos para la música popular y demostró el potencial comercial de estos productos.

Los años que siguieron a la Guerra Civil americana estuvieron dominados por los autores de canciones de Estados Unidos y de Europa que tomaron la música y los textos de Foster como punto de partida. Este período fue testigo también de una proliferación de la literatura para piano popular, integrada en gran medida por danzas sociales europeas: el vals, la polca, la mazurca, el chotis, la polonesa y el two-step.

El siglo XX

En las décadas de 1910 y 1920, un grupo de autores de canciones ligeramente más joven y con un talento incluso mayor, encabezado por Jerome Kern, Irving Berlin, George Gershwin, Cole Porter y Richard Rodgers asumieron el liderazgo de la canción popular americana; por entonces habían hecho su aparición nuevos medios mecánicos para la difusión de la música: la pianola, el nickelodeon y otras máquinas musicales, el fonógrafo, la radio y, a finales de la década de 1920 la banda sonora. Además de ampliar el número de oyentes de la música popular, estos nuevos medios comenzaron a contribuir al cambio más profundo de toda la historia del género, desde el consumo activo de productos por medio de la interpretación doméstica al consumo pasivo por medio de la simple escucha. Las nuevas canciones populares urbanas de Tin Pan Alley contaron con un público más limitado que las de Stephen Foster y sus sucesores, confinadas principalmente a personas cultas y urbanas debido a los temas que abordaban y a su estilo musical.

A comienzos de la década de 1920, los mismos nuevos medios comenzaron a difundir diversos corpus musicales que previamente habían existido únicamente en la tradición oral y que, como la mayor parte de la música folclórica, habían sido propiedad de grupos étnicos, raciales y geográficos específicos. La industria fonográfica y la radio comercial comenzaron a ofrecer diversos tipos de música afro-americana (blues, jazz, música religiosa) a nivel regional en el sur y en las ciudades del norte con una sustancial población negra. La música tradicional anglo-americana y sus dialectos contemporáneos, que pronto recibieron la denominación de hillbilly, se difundieron primero por el sur y pronto también por el medio oeste, el suroeste y el Lejano Oeste. Se grabaron, vendieron y emitieron numerosos tipos de música folclórica de origen europeo, árabe y asiático en las zonas urbanas de América que se enorgullecían de albergar a personas del origen adecuado.

La prosperidad general en América tras la Segunda Guerra Mundial en 1945, combinada con las nuevas tecnologías, de las que las más importantes fueron los transistores a bajo precio y los discos de fonógrafo de 45 rpm, fueron los artífices de una nueva escalada en la difusión a gran escala de música en lenguajes accesibles a casi todo el mundo. Cuando el estilo Tin Pan Alley de escribir canciones, que había durado más de medio siglo, comenzó su declive inevitable, se vio sucedido a mediados de la década de 1950 por una nueva música vibrante que bebía de elementos de los estilos afroamericanos y angloamericanos, que pronto se conoció con el nombre de rock and roll. Los jóvenes de toda Europa y también de muchas partes del tercer mundo respondieron al rock and roll con el mismo entusiasmo que se vivió en América, un proceso facilitado por la simplicidad y la franqueza tanto de la música como del texto, y durante algunos años esta música se acercó más que nunca a convertirse en un lenguaje musical universal.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la música difundida a gran escala se encaminó de manera decisiva hacia el pluralismo estilístico. En América, la industria musical contestó a la amenaza del primer rock and roll con su propio dialecto del «pop», elaborando elementos superficiales del nuevo estilo en arreglos profesionales de piezas de autores de canciones urbanas. Los negros crearon una serie de estilos afines, desde el rhythm and blues al soul, el Motown, el funk y finalmente dialectos disco de la música popular negra, pasando por pequeños grupos vocales masculinos y femeninos cantando piezas «doo-wop».

El Kingston Trio; Peter, Paul and Mary; Bob Dylan; y Joan Baez encabezaron una nueva escuela de música «folk» urbana. California fue pionera en la aparición de un estilo muy eléctrico asociado al consumo de drogas y a la protesta social. Algunos grupos siguieron interpretando en el estilo del primitivo rock and roll; surgió una rama de rock específicamente meridional; Barbra Streisand y Barry Manilow interpretaron canciones de un estilo y una sustancia casi idénticas a la del repertorio Tin Pan Alley de hacía varias décadas; muchos intérpretes de country aportaron a su música elementos tanto del rock como de los estilos populares urbanos. Aunque toda esta música se incluye en ocasiones bajo la etiqueta única de «rock», cada subestilo cuenta con su propio público fundamental en función de la edad, el estatus económico y el entorno cultural. The Beatles , The Rolling Stones, The Who y otros grupos británicos igualaron y a menudo sobrepasaron la popularidad de los músicos americanos, con estilos que partían en buena medida del rock and roll y de la música negra americana de varios tipos.

Suecia, Alemania Occidental, Canadá, Holanda y Australia fueron algunos de los países que contaron con intérpretes de éxito, cuya música encajaba cómodamente dentro de los principales estilos del rock angloamericano. Numerosos países en vías de desarrollo han creado dialectos propios de música popular moderna, como el reggae jamaicano, la highlife y el juju africanos. Las canciones contemporáneas con un aire danzable de numerosos países latinoamericanos constituyen ejemplos de estilos que utilizan instrumentos y armonías occidentales, pero adornados con elementos tradicionales.

En cualquier parte del globo, las personas tienen acceso a productos musicales producidos comercialmente y difundidos por la radio, los discos, la televisión y el cine. Casi en cualquier país, una parte de este repertorio es internacional, pero hay un número cada vez mayor de dialectos regionales y nacionales, con intérpretes nativos, que se valen en alguna medida de sus propios estilos musicales característicos.

El siglo XXI

En los inicios del siglo XXI, la evolución de la música pop ha estado ligada en buena medida a la producción discográfica anglosajona y al surgimiento de nuevas tendencias de fusión y estilos musicales en los Estados Unidos. El legado del rock and roll y el rhythm and blues se fundieron con las influencias del rap, el hip-hop y otros estilos afroamericanos. Así, nombres relevantes del llamado «pop adolescente», como Justin Timberlake y Britney Spears, evolucionaron hacia una expresión estética híbrida que revela esta clase de influencias y, también, las de la música electrónica y la de baile.

El uso de sintetizadores y otros instrumentos electrónicos apareció de forma creciente en las propuestas de figuras consagradas, como Madonna, y de otras más jóvenes herederas de la misma concepción de la música-espectáculo, en particular Lady Gaga y Rihanna. Beyoncé y otras artistas afroamericanas se inscribían preferentemente en la línea de la música disco, mientras que en el ámbito latinoamericano destacó la propuesta de ritmos bailables, preciosismo vocal y letras atrevidas de la colombiana Shakira.

Mientras el rock vivía momentos de cierto retroceso y perdía presencia en las listas de grandes ventas, algunos artistas de sellos independientes alcanzaron el reconocimiento, en parte impulsado por la creciente presencia de los canales musicales gratuitos de Internet en la cultura popular de los jóvenes. La música pop británica logró algunos éxitos multitudinarios con grupos como Manic Street Preachers, Oasis y Coldplay. Por su parte, vocalistas británicas como Amy Winehouse, revitalizadora del soul con gran seguimiento popular, y Adele se situaron entre las más destacadas en los comienzos del siglo XXI. El pop adolescente encontró en Miley Cyrus, Avril Lavigne y Justin Bieber a algunos de sus representantes más conspicuos.

Por otra parte, la introducción de mejoras tecnológicas en la obtención de nuevos sonidos con ayudas digitales propició un resurgir de las figuras de los DJ (disc jockeys), especializados en la recreación de música pregrabada ante su audiencia en remezclas y recombinaciones cada vez más complejas. En la música bailable, los DJ de alto reconocimiento internacional adquirieron la condición de estrellas del espectáculo y atrajeron a sus conciertos a multitudes de seguidores. Algunos de los más destacados en los primeros años del siglo XXI eran los neerlandeses Armin van Buuren y Tiësto, el sueco Avicii, el estadounidense Steve Aoki y el francés David Guetta.