Oratorio

Partitura de un oratorio de Antonio Salieri

Drama musical no representado, basado en un tema religioso, en el que se otorga especial énfasis a la narración y la contemplación.

Evolución histórica

En un principio el término “oratorio” significó lugar de oración, un edificio ubicado normalmente junto a una iglesia y concebido como escenario de experiencias comunitarias distintas de la liturgia habitual. Este tipo de edificios surgieron bajo los auspicios de la Congregación del Oratorio, un movimiento reformista religioso de la iglesia católica que había sido fundado por San Felipe Neri (1515-1595).

El oratorio como género musical nace en el Barroco, cuyos elementos estilísticos fueron aplicados al ámbito de la música religiosa. A diferencia de la ópera, el oratorio no conllevaba la presencia de decorados o vestuarios, mientras que el coro desempeñaba un papel más relevante. La Rappresentatione di Anima et di Corpo (1600), de Emilio de Cavalieri, constituyó un audaz intento de crear una ópera religiosa y es considerado como el primer oratorio musical. Nació en pleno apogeo de la corriente contrarreformista como un intento de que los fieles se sintieran atraídos por la iglesia, razón por la que se escribieron en italiano (oratorio volgare). A mediados del siglo XVII comenzaron a componerse en latín (oratorio latino) gracias a la labor de Giacomo Carissimi, cuyos oratorios incluían un narrador.

El oratorio del siglo XVIII alcanzó su apogeo con Bach, Haendel y Haydn. Bach cultivó el denominado “oratorio-pasión”, cuyo tema exclusivo trataba la muerte de Jesucristo: la Pasión según San Juan (1724) y la Pasión según San Mateo (1727) constituyeron obras maestras de este género. En ambas obras Bach alternaba textos literales de las Escrituras con poesías contemplativas, desempeñando el coral luterano un papel destacado. Por su parte, Haendel compuso un gran número de oratorios cuando el público inglés empezaba a perder interés por la ópera italiana. El oratorio alemán del periodo clásico culminó con La Creación (1798) y Las Estaciones (1801) de Haydn.

El siglo XIX fue testigo de la construcción de grandes salas de concierto en la mayoría de las ciudades, así como de la creación de grandes orquestas y sociedades corales. Estos factores estimularon la composición de nuevos oratorios, generalmente con plantillas muy expandidas. Los principales oratorios del Romanticismo fueron Paulus (1834-1836) y Elijah (1844-1846) de Mendelssohn, L'enfance du Christ (1850-1854) de Berlioz y La Leyenda de Santa Isabel (1857-1862) de Liszt.

El cultivo del oratorio en el siglo XX no ha sido tan constante en ningún otro país como en Inglaterra, debido al interés nacional por los festivales corales. En este contexto se han interpretado no sólo obras de compositores continentales sino que también se han encargado numerosas obras nuevas.