Entremés

El término entremés, en literatura, define una breve pieza de teatro cómico que se representa entre un acto y otro de otra obra mayor con el propósito de entretener al público en la espera.

Orígenes y desarrollo

Es posible que el entremés proceda de los intermedios festivos que, ya en la edad media, se realizaban en ciertas celebraciones, como danzas y torneos.

Se considera que el primer entremés propiamente dicho fue la obra Entremés (1550), de Sebastián de Horozco. Sin embargo, ya en ciertas obras dramáticas del autor Juan del Encina, algo anterior a Horozco, aparecían algunos de los rasgos esenciales de este tipo de piezas: son escenas cómicas independientes de la acción principal, en las que aparecen personajes de clase social baja que hablan con un lenguaje muy tosco, lleno de juramentos e insultos.

A mediados del siglo XVI la obra del dramaturgo Lope de Rueda sistematizó las bases de lo que sería el entremés a partir de entonces: el desarrollo de la acción en tres secuencias (preparación, desarrollo y desenlace), la aparición de personajes activos (listos) y personajes pasivos (simples), la burla como desencadenante del argumento y el clásico final en el que algún personaje resulta aporreado.

Sin embargo, fue a partir del siglo XVII cuando el entremés se desarrolló completamente como género diferenciado de otros tipos de teatro, y fue cultivado por autores tan importantes como Miguel de Cervantes.

Características

El lenguaje de los entremeses se caracteriza por su sencillez y expresividad. En los entremeses se intenta reflejar el habla popular e incluso algunas variedades dialectales. Abundan los insultos, juramentos y refranes.

Los entremeses del siglo XVII suelen estar escritos en verso. Las estrofas más comunes son sencillas y típicas de la lírica popular, como romances, seguidillas, redondillas y coplas. La rima se utiliza como un recurso cómico más.

En este género predomina la acción, se trata de una intriga sencilla, normalmente una burla, en la que participan unos personajes activos y otros pasivos.

Los personajes son prototipos humanos que representan defectos muy concretos: el tacaño, el celoso, el mujeriego, el fanfarrón, la descarada, el marido cornudo, la mujer infiel, el estudiante gorrón, etc.

El entremés refleja situaciones de la vida cotidiana, por tanto la acción suele desarrollarse en plazas, mercados, teatros, corridas de toros, fiestas populares, etc.