Costumbrismo

    Tendencia literaria que se ocupa de retratar tipos y costumbres característicos de una determinada sociedad. Normalmente emplea la prosa como vehículo de expresión, pero en ocasiones también puede recurrir al romance. El costumbrismo se ha cultivado con especial viveza en la literatura española, y aunque en el siglo XIX llega a constituir un género propio, ha penetrado también en manifestaciones dramáticas como el sainete, el entremés, la comedia de figurón y la zarzuela.

    El relato, el cuadro o el artículo de costumbres suelen contener una intención moralizadora. Al reflejar unos comportamientos determinados, la finalidad última de esta modalidad literaria es criticar las novedades injustificadas desde una perspectiva satírica, o bien amonestar aquellos comportamientos que se juzgan nocivos para la sociedad. El punto de vista adoptado puede ser conservador o progresista, según el autor de que se trate.

    A pesar de todos los posibles precedentes, el costumbrismo adquiere entidad propia en el siglo XVII, en relación inicial con géneros como la miscelánea y el ensayo. Se considera que su iniciador es Agustín de Rojas Villandrando, con El viaje entretenido (1603), que mezcla diversos elementos para dar lugar a una obra muy heterogénea. Dejando de lado ya todo elemento novelesco, Juan de Zabaleta escribe El día de fiesta por la mañana (1654) y El día de fiesta por la tarde (1660), y Francisco de Santos su Día y noche de Madrid (1663).

    Durante el siglo XVIII se mantiene ese costumbrismo de festejos, hábitos y tipos populares, pero en paralelo surge un nuevo tipo de costumbrismo con intenciones críticas de los procesos sociales y políticos que se están desarrollando en la España del momento. Una variante concreta y muy cultivada por entonces consiste en la descripción de la vida frívola de algunos cortesanos de la época.

    La verdadera eclosión del costumbrismo se produce en la primera mitad del siglo XIX, cuando se aceleran los cambios en la sociedad española y además aparece la prensa periódica como gran medio de difusión de ideas. Es el momento de los artículos de Mariano José de Larra y de los cuadros de costumbres de Ramón de Mesonero Romanos (Escenas matritenses) y de Serafín Estébanez Calderón (Escenas andaluzas).

    Vinculada con el realismo se halla la novela de costumbres, cuyos máximos representantes son Fernán Caballero, Pedro Antonio de Alarcón y José María de Pereda.

    Después de esa plasmación literaria, el costumbrismo decae y prácticamente no llega a entrar en el siglo XX.