Cultura

En un sentido amplio, la cultura comprende el conjunto de todos los conocimientos, técnicas, creencias, costumbres, manifestaciones artísticas, reglas morales y leyes de un colectivo humano. Esto incluye el modo de pensar, sentir y comportarse de los miembros de una sociedad. Ciertos antropólogos prefieren una definición menos amplia de cultura, limitándola a una serie de reglas no escritas para actuar en sociedad que son compartidas por todos sus miembros (por ejemplo, cómo dirigirse a una persona desconocida o cómo comer marisco en un restaurante).

La cultura tiene cuatro rasgos característicos:

Es fuertemente simbólica: se basa en símbolos (palabras, gestos, banderas, etc.) y en la capacidad de comunicarse con ellos a través del lenguaje.

Es compartida por todos los miembros de una sociedad.

Se transmite socialmente mediante un proceso de aprendizaje.

Es adaptativa, o sea, permite a las personas adaptarse a los cambios registrados en el entorno de una manera flexible.

Tipos de cultura

Puede hacerse una clasificación de la cultura en cuatro grandes categorías: la cultura material (los productos fabricados por el hombre y la tecnología), la social (las distintas formas de organización de la sociedad), la ideológica (el conjunto de creencias, valores e ideales compartidos por los miembros de una sociedad) y la artística (desde la música hasta las bellas artes pasando por la literatura, el cine, la moda, etc.).

Por otra parte, puede distinguirse entre cultura dominante, mayoritaria o hegemónica, y subcultura. La subcultura hace referencia a un conjunto de valores culturales (creencias, conductas, símbolos, sentidos de la estética, etc.) distintos de los de la cultura dominante, y que son seguidos por un grupo minoritario de personas. Cuando la subcultura se define sobre todo por su oposición a la cultura dominante, se puede hablar de contracultura. Así, por ejemplo, la cultura underground, surgida entre la juventud de los Estados Unidos en la década de 1960, es un fenómeno contracultural típico: pretendía derribar a una cultura dominante que consideraba reaccionaria. Muchas de las modernas subculturas juveniles, como la punk o la hip-hop, se definen fundamentalmente por un determinado estilo musical o forma de vestir y, en muchos casos, no han conseguido adquirir un carácter de oposición sino, simplemente, pasar a formar parte de la llamada cultura de masas.

La cultura de masas es un fenómeno surgido el siglo pasado gracias a la generalización de la alfabetización, al desarrollo de la industria editorial (con el consiguiente incremento en la difusión de periódicos, la edición de novelas, etc.) y del arte fotográfico, al nacimiento de la industria discográfica y a la aparición de nuevos géneros de entretenimiento (como la radio, el cine, la televisión, el cómic y los videojuegos). Ha traído consigo el nacimiento de una potente industria cultural, lo que ha supuesto la mercantilización de la cultura de tal forma que ésta se ha convertido en una mercancía más.

La cultura de masas es, en propiedad, la cultura popular moderna. Con anterioridad, ésta se limitaba a aspectos como las costumbres, la gastronomía, los refranes, la música, la danza y las vestimentas tradicionales. Todos ellos formaban parte de la realidad cotidiana de la mayoría de los miembros de una sociedad, transmitiéndose por vía oral de generación en generación. Esto hacía que la cultura popular se identificara plenamente con el folclore de un pueblo concreto; en la actualidad, sin embargo, el fenómeno de la globalización ha roto muchas de esas barreras y, a menudo, es preferible alejarse de las concepciones etnográficas de cultura para pasar a definiciones más amplias (cultura occidental).

Estrechamente relacionado con el concepto de cultura popular o de masas se encuentra la diferenciación entre alta y baja cultura. La alta cultura es la consumida por las elites de una sociedad y se le supone una mayor calidad, refinamiento y sensibilidad; su disfrute goza de una alta consideración social. En el mundo occidental, manifestaciones artísticas, culturales o deportivas como las bellas artes, la música clásica, la literatura de calidad o la filosofía entrarían dentro de esta categoría. Por su parte, la baja cultura es un término despectivo para referirse a ciertas manifestaciones de la cultura de masas de dudosa calidad artística como la música comercial, la “telebasura” (teleseries, reality-shows, etc.) o las películas de serie B. De todas formas, la distinción entre alta y baja cultura –que no dejan de ser dos modalidades de subcultura– tiende a difuminarse cada vez más y su distinción responde en realidad a ciertas concepciones elitistas que son difícilmente justificables desde un punto de vista científico.

La transmisión de la cultura

Uno de los principales rasgos de la cultura es su capacidad para ser transmitida entre los miembros de una sociedad o, incluso, de una sociedad a otra. Existen dos mecanismos básicos de transmisión cultural: la endoculturación y la difusión cultural.

Endoculturación. Éste es el proceso merced al cual los miembros más jóvenes de una sociedad son “programados” desde su nacimiento –mediante premios y castigos– para imitar las pautas culturales de sus mayores (por ejemplo, el uso de los cubiertos para comer entre los niños occidentales). Se trata, por tanto, del mecanismo que permite asegurar la perpetuación de una cultura de generación en generación. Ello no significa que la cultura no esté sujeta a cambios, ya que la imitación de las pautas culturales nunca es completa. Esto es algo que se observa especialmente en el mundo moderno, con independencia del grado de desarrollo de las sociedades: es lo que los antropólogos han denominado abismo generacional, consistente en una fractura cultural entre una generación y la siguiente.

Difusión cultural. La difusión cultural se refiere a la transmisión de los elementos culturales no por vía generacional, sino de una cultura a otra diferente. Gracias a ella se cultivan papas o patatas en Europa, se habla español en México, se profesa el Islam en el norte de África o se emplean los ideogramas chinos en Japón. La difusión cultural se encuentra siempre con una mayor o menor resistencia o aceptación por parte de las culturas receptoras. Esta resistencia se manifiesta a veces de manera violenta, especialmente cuando intervienen sociedades con un fuerte nacionalismo cultural. La resistencia a la importación de patrones culturales –en la actualidad, por su condición de potencia hegemónica, exportados sobre todo desde los Estados Unidos– es lo que hace que el mundo siga siendo culturalmente plural a comienzos del tercer milenio.