Arquitectura doméstica

    La Casa Kaufmann o de la Cascada, de Frank Lloyd Wright, ejemplo de arquitectura doméstica.

    La arquitectura puede definirse como el arte y técnica utilizados en el diseño y la edificación de inmuebles. Se trata de un arte cuyo objetivo trasciende lo puramente estético, para buscar una finalidad práctica y utilitaria. Por ello, puede hablarse de diferentes tipos de arquitectura, en función de las necesidades a las que sirven.

    La arquitectura doméstica ha producido históricamente construcciones destinadas a albergar y proteger la unidad social mínima: la familia, y por extensión a cualquier grupo de individuos que desarrollen una vida en común. Estas construcciones pueden servir también como espacio donde se lleven a cabo ciertas actividades comerciales, industriales o agrícolas relacionadas con quienes las ocupan. Los requisitos básicos de este tipo de arquitectura son, además de prestar una protección adecuada frente a los elementos, contar con un lugar donde cocinar, otro destinado al descanso, una instalación sanitaria y disponer de iluminación.

    A medida que la disponibilidad económica de las personas aumenta, también lo hacen las comodidades del lugar donde habitan. Se incorporan así sistemas de iluminación artificial, calefacción, agua corriente, instalaciones de ocio o jardines.

    Un subtipo particular de esta arquitectura lo constituyen los agrupamientos de viviendas, que se hallan a medio camino entre lo público y lo privado. Los ejemplos más representativos son los edificios de viviendas y las urbanizaciones. Una de sus ventajas es su mayor economía frente a las viviendas individuales, pues pueden compartir ciertos servicios, como alcantarillado y electricidad. En el caso de los edificios, además, el gasto de materiales resulta mucho menor que el que sería necesario para albergar de forma separada a sus ocupantes.