Drama o teatro (género literario)

Representación de Edipo rey , obra literaria de Sófocles.

Se denomina drama o teatro al género literario destinado a la representación escénica, cuyas características principales son la presencia de acotaciones que describen la representación misma y la importancia del diálogo como soporte mayoritario del texto. La palabra teatro, en una acepción distinta, se puede referir también al propio edificio donde tienen lugar la representación teatral u otro tipo de espectáculo público, como la ejecución musical o la danza.

Aunque a través de diferentes épocas y culturas el teatro ha conocido formas muy alejadas entre sí, todas ellas tienen un denominador común: la representación escénica. Es justamente el desarrollo de historias en una escena, frente a una audiencia y a través de una combinación de elementos diversos (un texto que organiza los diálogos entre personajes, representados por actores que se apoyan en gestos, música y una caracterización apoyada por el vestuario, máscaras o maquillaje) lo que identifica al teatro como manifestación artística.

Si bien todos los elementos que integran el fenómeno teatral confluyen en la representación como fin último, es posible diferenciar qué se representa (por lo general, un texto destinado a la representación escénica y que en mayor o menor medida la prevé) y cómo se lleva a cabo dicha representación (la manera en que, a través del trabajo de los actores, el director y apoyos diversos como el vestuario, la iluminación o la escenografía, se realiza la puesta en escena). Por último, hay que tener en cuenta dónde transcurre el proceso de la representación. En el fenómeno teatral, esos qué, cómo y dónde mantienen una relación de recíproca dependencia.

Los subgéneros dramáticos

Máscaras venecianas que representan los tres subgéneros teatrales por excelencia: comedia, tragedia y drama.

De igual manera, el género teatral consta de otros muchos géneros. Los principales son la tragedia, la comedia y el drama, aunque la gran riqueza de esta arte se muestra también en otros modos de expresión teatral, como el paso, el entremés (con geniales muestras de Miguel de Cervantes ), los autos sacramentales (como los de Pedro Calderón de la Barca ), los misterios, el sainete o la loa.

Tragedia

La tragedia es la forma dramática cuyos personajes se ven enfrentados de manera inevitable contra el universo o los dioses, moviéndose siempre hacia un desenlace fatal por la fuerza ciega de la fatalidad. Las tragedias han de acabar forzosamente con la muerte o la locura del personaje principal, que es sacrificado así a esa fuerza que se le impone y contra la que su actitud ha supuesto un exceso o hybris .

La tragedia nació como tal en Grecia con las obras de Tespis y Frínico, y se consolidó con Esquilo , Sófocles y Eurípides . La estructura de estas obras consistía en un prólogo que servía de anticipación; le seguía la entrada del coro y finalmente los episodios, que constituyen lo que hoy se conoce como actos y que representaban el cuerpo de la obra. Fue de hecho Grecia el punto culminante de la tragedia, ya que escasos vestigios restan de este género en la época romana. Tal y como aquí se entiende, la tragedia deja de ser un género habitual tras las obras de Séneca, y sus características se asemejan más al concepto de ópera actual. Por tanto, la tragedia no es sólo la griega, aunque ésta sea su máxima expresión, sino que perdura en el tiempo y la encontramos desde en los textos isabelinos de William Shakespeare hasta en el moderno teatro del distanciamiento de Bertolt Brecht o del absurdo de Samuel Beckett.

Comedia

Pintura de A. Watteau que representa a Pierrot , personaje típico de la Comedia del Arte.

La comedia es la forma dramática cuyos personajes se ven enfrentados a las dificultades de la vida cotidiana, movidos por sus propios defectos, y cuyos desenlaces hacen escarnio de la debilidad humana. La comedia busca provocar la risa del espectador, y emplea con frecuencia recursos humorísticos y el ingenio verbal. El efecto cómico se produce por una incongruencia en la acción o en el carácter de un personaje. La estructura de la comedia griega difiere de la tragedia en que consta de dos partes. La primera consiste en un combate cuyo vencedor es quien representa las ideas del autor. La segunda consta de siete secciones agrupadas en cantos, discursos y periodos sin pausas. Las comedias romanas son una continuación lógica de las griegas. Según la prenda de los actores se distinguían en comedias paliatas (por el manto griego o palio) y comedias togadas (cuyo nombre viene dado por la toga romana). La temática griega era propia de la primera; en cambio, la segunda representaba las costumbres y los personajes más populares latinos.

Drama

El drama es un híbrido de diversos géneros. En Grecia, además de la tragedia y la comedia, existía el drama satírico. Éste (pese a su gran parecido con la tragedia) se caracterizaba porque tenía modos propios de representación, por la composición del coro y por la figura de los sátiros, quienes simbolizaban la naturaleza y las pasiones como el temor o la ironía. Es por tanto el drama satírico una tragedia amena, divertida, en cierto modo grotesca. Mucho después, ya en el Romanticismo, el drama adopta una faz nueva; surge el drama histórico. Victor Hugo y Friedrich Schiller son dos buenos representantes de este género, que se caracteriza por el uso de la historia como fuente de los textos, unas veces como elemento principal de la acción, otras como trasfondo político.

El texto literario

En principio, un drama debe ser escrito pensando siempre en su representación sobre un escenario. Es necesario condensar en el texto un gran número de indicaciones en torno a cómo debe representarse la obra. Estas indicaciones reciben el nombre de “acotaciones”, e indican elementos tales como el vestuario, los juegos de luces, los decorados o incluso las expresiones de los actores. El grueso del texto que compone la obra de teatro está compuesto mayormente por diálogos. Al contrario de lo que sucede en la mayoría de las novelas, en las obras de teatro son fundamentalmente los diálogos entre los personajes los que mantienen la trama y los que describen a esos personajes:

MAX: Latino, me parece que recobro la vista. ¿Pero cómo hemos venido a este entierro? ¡Esta apoteosis es de París! ¡Es tamos en el entierro de Víctor Hugo! Oye, Latino, ¿pero cómo vamos nosotros presidiendo?

DON LATINO: No te alucines, Max.

MAX: Es incomprensible cómo veo.

DON LATINO: Ya sabes que has tenido esa misma ilusión otras veces.

MAX: ¿A quién enterramos, Latino?

DON LATINO: Es un secreto que debemos ignorar.

MAX: ¡Cómo brilla el sol en las carrozas!

DON LATINO: Max, si todo cuanto dices no fuese una broma tendría una significación teosófica… En un entierro presidido por mí, yo debo ser el muerto… Pero por esas coronas, me inclino a pensar que el muerto eres tú.

(Ramón María del Valle-Inclán, Luces de bohemia )

También es posible encontrar en un texto dramático largas acotaciones líricas en las que se describen los elementos decorativos de una manera más novelística, con un desarrollo más prolijo. Este tipo de obras, aunque también pueden ser representadas, son escritas sobre todo para ser leídas.

En muchas culturas distintas a la occidental, el teatro carece de texto; no es tanto literatura como recreación ritual de situaciones divinas e históricas que aparecen acompañadas por bailes y músicas. Este tipo de teatro tuvo una muy especial relevancia a partir del siglo XX, al plasmarse en obras vanguardistas alejadas de las nociones dramáticas clásicas.

Los componentes de la representación

Actriz de una obra china ataviada con un rico y llamativo vestuario.

Desde el teatro clásico griego, el autor dramático y el texto, previo a la representación e identificado con la figura del autor, han gozado de una relevancia singular en Occidente. No es posible olvidar que el texto dramático está pensado en función de la representación, y en esa medida la prevé y la antecede: la dependencia entre uno y otra es recíproca y puede darse en un sentido o en otro. Una obra dramática no se completa hasta que se ve representada, lo que implica la puesta en escena, y viceversa: la representación siempre lo es de algo (el texto, desarrollado en mayor o menor medida de forma independiente), que sienta sus líneas y acota los límites de la libertad interpretativa. De hecho, lo que caracteriza a la escritura dramática es justamente la presencia de elementos formales que anteceden a la representación o están condicionados por ella: el diálogo, que permite el seguimiento directo de la acción y la caracterización de los personajes, y las anotaciones escénicas, esto es, breves descripciones dirigidas a encaminar de determinada manera cómo las acciones que tienen lugar en el texto se llevarán al escenario.

La importancia del texto ha sido muy discutida: si bien una obra de teatro pervive por lo general en su forma escrita, las formas teatrales que prescinden por completo de la palabra o la subordinan a elementos como la expresión corporal, la danza o la música han convivido siempre con la vertiente que concede la mayor importancia al texto dramático. Así, por ejemplo, tras la preeminencia que se daba en la antigüedad al autor, el concepto de autoría pierde todo su peso (al punto de casi diluirse) durante la edad media; a partir del Renacimiento se recupera la importancia, algo que va a mantenerse hasta el neoclasicismo y el primer teatro moderno, pero que pondrá en cuestión buena parte del teatro de las vanguardias, con la concepción del espectáculo como creación colectiva. En la actualidad, el autor y el director teatral se ven en un plano de igualdad, y, cada uno en su ámbito, gozan de la misma autoridad creativa; tanto es así que una misma palabra, dramaturgo, suele usarse indistintamente para referirse a uno o a otro.

La dirección escénica

En los periodos iniciales del arte teatral, el director y el autor solían coincidir en una misma persona; es el caso del teatro griego o, siglos después, del teatro isabelino. Durante la edad media no existía como tal la figura del director, sino que la responsabilidad de la puesta en escena estaba en manos del jefe de actores. Más adelante, en el Renacimiento y el barroco, era el escenógrafo quien asumía en su mayor parte el papel de organizar el espectáculo. Los grandes actores fueron los primeros grandes directores en el neoclasicismo francés, pero tanto en este caso como en los anteriores el papel que desempeñaban se alejaba bastante de lo que se entiende hoy por director escénico, con funciones y atribuciones cuyos antecedentes hay que buscar en el naturalismo del siglo XIX. Será a partir de entonces cuando se considere al director como creador pleno, en tanto la totalidad del espectáculo se ve como obra suya. En el teatro contemporáneo es el director quien organiza todos los elementos que intervienen en la representación, incluida en muchos casos la adaptación del texto mismo, y determina su sentido último a través de una amplia gama de decisiones formales: la duración y el ritmo del espectáculo, el estilo interpretativo, la escenografía y el vestuario.

La actuación

Ninguna definición del hecho teatral puede prescindir de la actuación, y esto la convierte probablemente en uno de los elementos constitutivos de la práctica escénica: puede prescindirse del autor y de la dirección, o incluso de la escena tradicional o de la escenografía, pero si hay actuación ante un público hay teatro.

La actuación y las técnicas interpretativas que la rigen han variado mucho a través del tiempo. Si bien en el teatro moderno predomina una orientación de corte naturalista, que intenta prestar verosimilitud al personaje y a sus acciones, ésta convive con diversas corrientes que ponen el acento en otros aspectos, como la gestualidad, la expresión corporal o determinados códigos expresivos simbólicos. Esa diversidad puede seguirse también históricamente: el teatro clásico privilegiaba la comunicación de las emociones con objeto de destacar el contenido de la obra, mientras que, por ejemplo, en la Comedia del Arte (una forma de teatro popular sobre un guión predefinido, donde la representación se basaba en una docena de personajes típicos) se favorecía la improvisación; la expresión de los sentimientos en escena, en un sentido más general, ha ido variando en una escala de muy diverso rango entre las diferentes escuelas interpretativas y momentos históricos.

La escenografía y el vestuario

Además de la actuación propiamente dicha, hay otros elementos que ayudan a crear la ilusión de realidad en la escena. Algunos atañen a los personajes y otros al escenario mismo. Así, la caracterización de los personajes se completa mediante el vestuario y el maquillaje, elementos a los que a veces se añaden las máscaras. El vestuario está ligado a la concepción escénica, y según las intenciones creativas del director se usa para subrayar unos u otros elementos. Su función es doble: distancia al actor del público, al mismo tiempo que aporta verosimilitud histórica o social a los personajes. En algunas épocas o lugares, el uso del vestuario ha estado muy codificado; así, por ejemplo, el color de las pelucas en el teatro romano indicaba la condición del personaje: una peluca roja señalaba a un esclavo, una blanca a un anciano, etc. El realismo y la tendencia a la precisión histórica serán la tónica predominante a partir del siglo XIX. Además del vestuario, la caracterización (maquillaje, peluquería, postizos y máscaras) refuerza o completa la imagen del personaje en la escena.

La escenografía, en cambio, se ocupa del entorno en que se desarrolla la acción dramática. Comprende tanto el decorado de la escena como la iluminación o la maquinaria escénica (zonas móviles en el escenario, pirotecnia, efectos visuales como humo o nieve, etc.). Como ocurre con la actuación, hay dos tendencias opuestas en la escenografía: la representación naturalista de los lugares donde transcurre la acción o, al contrario, la expresión de estados de ánimo o conceptos abstractos ligados al conflicto dramático o asociados a los personajes.

Ya en el teatro clásico griego se hizo abundante uso de la escenografía, incluyendo maquinaria escénica (telones, plataformas móviles, escotillas y escaleras), por lo general destinada a apoyar la aparición de dioses o elementos sobrenaturales. Esta función continuó en el teatro medieval con complicados artilugios escenográficos para la escenificación de dramas religiosos. El Renacimiento trajo consigo la técnica (que se mantuvo hasta el barroco y que heredó el teatro inglés) de pintar el decorado en perspectiva sobre un telón de fondo. En el siglo XIX la tendencia realista general condujo a la inclusión de objetos reales en el escenario, algo habitual en el teatro contemporáneo, que también heredó la tendencia opuesta, esto es, la de crear un espacio que reprodujera gráficamente el sentido o las intenciones de la obra.

¿Dónde se representa?

Teatro de Verona, anfiteatro típico de la época clásica.

El lugar donde transcurre la representación ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Ahora bien, hay unas líneas generales comunes al espacio escénico: todas sus variantes, por ejemplo, se articulan en una zona destinada a la representación (el escenario) y otra para los espectadores. Cada una de ellas, a su vez, consta de partes distintas.

Actualmente son tres las tipologías de escenas en uso. La más tradicional es el proscenio, también llamado escena cerrada o a la italiana. Aquí el escenario se ubica en el espacio situado entre el telón de foro, ubicado al fondo, y el llamado telón de boca o cortina, que representa la cuarta pared del espacio escénico. La abertura del escenario es la embocadura, también llamada boca o bocaescena. Los bastidores se sitúan en los flancos del escenario, y se usan para la entrada y salida de los actores; lo que ocurre “entre bastidores” es lo que el público no ve, y por eso la expresión sirve para designar metafóricamente aquello que está oculto o que ocurre fuera de la vista de la mayoría. Sobre el escenario está el llamado telar o peine, donde se colocan las vigas con los focos, los telones y las bambalinas, unas franjas de tela que tapan las barras de los decorados y de los focos. Los camerinos, situados detrás del escenario o en los bastidores, sirven para que los actores puedan cambiarse y maquillarse. El foso, por último, es el espacio que media entre la primera fila de butacas y el escenario. En este tipo de teatro la acción se desarrolla frente al público.

En la escena abierta, en cambio, el público rodea por tres lados el escenario, que adopta la forma circular de los teatros griegos o romanos. A veces la escena abierta incluye un proscenio, de modo que una parte de la acción tiene lugar delante del telón y otra detrás. Este tipo de escena, que tiene sus precedentes más antiguos en el teatro griego y medieval, fue con ligeras variaciones la del teatro isabelino inglés, donde el escenario se encontraba sobre una plataforma situada ante un muro y frente a un patio, con galerías donde se distribuía el público y que en ocasiones utilizaban los actores y músicos.

En el teatro circular, por último, también llamado arena o escena central, el público rodea totalmente el lugar de la representación, que se desarrolla en el suelo en el centro del espacio. Este tipo de escena ha sido recuperada en el siglo XX sobre todo por los movimientos de vanguardia, con vistas a estimular la participación del público. Las vanguardias también han experimentado con la escenificación en lugares reales, reivindicando así el carácter popular y ritual del teatro, y asociándolo a veces a determinadas propuestas ideológicas, como las representaciones de textos marxistas que Erwin Piscator trasladó a las plantas industriales.

El público

Además de la actuación, otro de los componentes que definen el teatro es la presencia del público, esto es, del conjunto de personas que siguen la representación como espectadores. El grado de participación del público puede variar: puede ir desde el de espectador pasivo hasta aquellos casos donde la obra representada reclama, de una manera u otra, su participación activa. Por lo general se establece una interacción, por mínima que ésta sea, entre el público y la obra que contempla: los aplausos o las exclamaciones de aprobación no son sino una forma más de esa interacción.