Música escénica

La música escénica es la concebida para ser representadas ante un público.

La música escénica es aquella creada para ser interpretada en un escenario, ante el público. Incluye desde el cantante que alza su voz en solitario frente a otros hasta las formaciones multitudinarias, orquestales, que emplean instrumentos de viento, metal, percusión y cuerda, además de los grandes espectáculos que utilizan inmensos y grandiosos decorados, vestuarios y bailarines. La naturaleza de la música escénica, al igual que sucede con la naturaleza de todas las formas de expresión humana, está sujeta a múltiples variaciones históricas y al desarrollo de nuevas teorías melódicas y de nuevas tecnologías, de tal manera que termina por convertirse en un fiel reflejo de la historia intelectual y cultural de la humanidad.

La naturaleza de la música escénica

La función de la música escénica es la de transmitir al público ideas y emociones. La comunicación entre la persona que interpreta una melodía y el público que la escucha nace del gusto por parte del espectador de “reproducir” los sonidos que le llegan desde el escenario, de dejarse llevar por lo que los sonidos inspiran en él. La música está tan arraigada en la esencia del hombre debido a que ésta tiene su origen en el propio cuerpo humano: los ritmos son en su origen la imitación del latido del corazón o el sonido de la respiración, los primeros instrumentos de viento imitan la voz humana. En definitiva, el espectador se involucra en los espectáculos musicales integrándose en las melodías y en los ritmos que en ellos se reproducen porque siente hacia la música una peculiar familiaridad, una fascinación que está más allá de las diferencias históricas y culturales.

Origen de la música y nacimiento de la música escénica.

Ya en las cuevas habitadas por los hombres prehistóricos se pueden encontrar los primeros restos que apuntan a una muy temprana relación entre el hombre y la música. Los hombres primitivos construyeron los primeros instrumentos musicales empleando sobre todo hueso, madera y pieles animales para elaborar instrumentos de viento, como el cuerno, e instrumentos de percusión, como los tambores. Para el hombre primitivo la función de la música era básicamente ritual. Se cantaba y bailaba para ponerse en contacto con los elementos sobrenaturales, con los dioses, para que los protegiesen de sus enemigos e hiciesen favorable la caza. En esta etapa de la música aún no existe la música escénica propiamente dicha, ya que no se establece una diferencia clara entre el espectador y el intérprete. Toda la tribu participa del rito de la música, sin diferenciar espacios ni actores. Será a partir de la civilización griega clásica cuando el público se separe de los intérpretes, tanto en los espectáculos musicales como en los dramáticos o teatrales.

En la música tribal no hay una clara distinción entre intérprete y público.

El intérprete

En las sociedades primitivas el músico no era tanto un intérprete como un enlace entre el mundo de los hombres y el de los dioses. Así pues, no interpretaba ninguna clase de melodía, más bien cantaba plegarias que no estaban registradas en una partitura. El origen del intérprete, tal como es entendido en las sociedades contemporáneas, es reciente. Surgió en los siglos XVI y XVII, de forma paralela al desarrollo de la escritura musical y la transcripción de notas, melodías, tiempos y ritmos en una partitura. Hasta que no se desarrolló la notación musical fue imposible realizar ninguna clase de interpretación, ya que no se podía seguir un patrón interpretativo, unas notas escritas que hiciesen saber al cantante o al músico si estaba siendo completamente fiel a las melodías originales. A partir del desarrollo de la notación musical (el sistema que posibilitó anotar sobre una partitura las estructuras, los tonos y las armonías que componen una melodía), el músico supo con precisión cuáles eran las notas que debía interpretar y cómo hacerlo. Desde ese instante el intérprete ha tenido que combinar, por un lado, la fidelidad a la partitura, siguiendo lo escrito en ella, y, por otro, sus propias emociones y su propio temperamento para expresar, de manera personal, lo que otros escribieron.

Los medios en la música escénica

Los instrumentos empleados en la música escénica son muy variados. Van desde la voz del solista o el coro hasta los instrumentos electrónicos creados en la era contemporánea. Según los musicólogos, en primer lugar se emplearon los instrumentos más simples, como la voz, algunos utensilios de viento (cuernos, flautas) y la percusión; después se crearon los instrumentos de cuerda, como el laúd. A partir del siglo XX, con el desarrollo de las nuevas tecnologías se crearon los aparatos electrónicos, que en principio se utilizaron tan sólo para imitar sonidos naturales, pero que terminaron generando su propia forma de música, sus propios sonidos, ritmos y melodías.

De entre todos los medios que participan del hecho musical destaca el virtuoso o solista. El intérprete virtuoso es aquel que desarrolla en solitario lo que está escrito en una partitura y el que produce una mayor admiración en los espectadores, ya que concentra en su persona y en su interpretación la totalidad de la composición. El acompañamiento no hace sino poner a prueba al virtuoso, acentuando los momentos en los que debe esforzarse más y creando pasajes de transición entre los fragmentos más dramáticos, con el fin de dar un respiro al espectador. Además de las veladas en solitario, los conciertos con acompañamiento orquestal constituyen el modo ideal para el lucimiento de los solistas.