Béla Bartók

    Uno de los compositores más representativos de la música contemporánea, el húngaro Béla Bartók (1881-1945) destacó por la difusión de las melodías folclóricas de su país y por sus experimentos innovadores en las técnicas musicales, labor de la que dejó constancia en obras clave del siglo XX, como la Música para instrumentos de cuerda, percusión y celesta o el Concierto para orquesta.

    Bartók nació en Nagyszentmiklós, localidad a la sazón del imperio austro-húngaro, el 25 de marzo de 1881. De niño comenzó a estudiar piano con su madre. A los nueve años compuso sus primeras piezas de baile, ofreciendo el que sería su primer concierto en público dos años después. Completó su formación en la Real Academia de Música de Budapest y centró su atención en compositores como Ludwig van Beethoven y Johann Sebastián Bach. Al descubrir el Así habló Zaratrusta, de Richard Strauss, inició una etapa creativa próxima al nacionalismo húngaro, lo que le llevó a presentar su Rapsodiapara piano y orquesta en 1901 en París. Sin embargo, no alcanzó el éxito buscado y decidió dedicarse a recopilar la música tradicional húngara, rumana y eslovaca.

    En 1907 comenzó su labor docente como profesor de la Academia de Música de Hungría. Tras la Primera Guerra Mundial gozó de fama internacional como pianista, y durante dos décadas desarrolló sus años más productivos en la composición. En el curso de estos años escribió algunas de sus páginas más famosas, como la ópera El castillo de Barba Azul, los ballets El príncipe de madera y El mandarín maravilloso, y la Cantata profana.

    En 1934 pasó a ser miembro de la Academia de Ciencias de Budapest, aunque siguió componiendo, con un estilo lleno de vitalidad, obras tan notables como la Música para instrumentos de cuerda, percusión y celesta y la Sonata para dos pianos y percusión. Sus conciertos de piano también se ampliaron, y actuó en la mayoría de los países europeos y en los Estados Unidos.

    Al verse Hungría amenazada por la invasión nazi, Bartók hubo de emigrar, en 1940, a los Estados Unidos, donde trabajó en la Universidad de Columbia como investigador musical. Su ya deteriorada salud comenzó a empeorar hasta obligarle a abandonar su carrera. No obstante, aún pudo escribir dos obras fundamentales, el Concierto para orquesta y la Sonata para violín, antes de que la leucemia acabara con su vida. Béla Bartók murió en Nueva York, Estados Unidos, el 26 de septiembre de 1945.