Antonio Gaudí

    Detalle de la fachada de la casa Batlló, ejemplo del imaginativo modernismo de Gaudí.

    Antonio Gaudí (1852-1926), arquitecto español cuya obra, caracterizada por la libertad formal, los colores exuberantes y la unidad orgánica, está considerada como la más representativa del modernismo arquitectónico español. De entre sus edificios, repartidos en su mayor parte en Barcelona, destaca la iglesia de la Sagrada Familia.

    Antonio Gaudí y Cornet nació en Reus (Barcelona, España) el 25 de junio de 1852. Tras pasar por la Universidad de Ciencias de la Universidad de Barcelona (1863-1873), comenzó a estudiar arquitectura en 1873 en la Escuela Provincial de Barcelona, licenciándose en 1878.

    De vida austera, Gaudí comprendía la arquitectura como una forma de arte total que iba más allá de la mera suma de dimensiones y espacios para dar cabida a otras disciplinas, como la escultura o la pintura.

    Con sólo 28 años ya sabía cuál era su estilo artístico. El arquitecto catalán entendía sus edificios a partir de un concepto; de una idea fundamental alrededor de la cual se iban integrando las diversas partes del edificio, incluyendo la decoración, basada en el uso de cerámica y hierro forjado y las formas de éste, usualmente curvadas, sinuosas; simulando el aspecto de los fenómenos naturales, como las olas del mar.

    Sus dos primeras grandes obras datan del año 1880, y suponen un canto a la arquitectura medieval hispanoárabe. Así, tanto en la casa Vicens como en el palacio Güell aparecen motivos decorativos mozárabes, aunque adaptados a los nuevos tiempos.

    A finales del siglo XIX y principios del XX el artista catalán desarrolló un estilo mucho más original, que dejaba de inspirarse en estilos antiguos, como el gótico, para desplegar una arquitectura imaginativa y modernista, caracterizada por la mezcla de disciplinas y el uso de formas ondulantes y colores vivos.

    Son de esta época la casa Batlló y la casa Milá, también conocida como La Pedrera. Esta última consiste en un gran edificio en el que la fachada parece derretirse, simulando el comportamiento de las olas.

    En 1910 Gaudí emprendió el diseño y la realización de una de sus obras más bellas y célebres: el parque Güell. Este parque, situado en Barcelona, constituye un auténtico estímulo para la imaginación. Las formas ondulantes, típicamente modernistas, se mezclan con los elementos naturales, dando lugar a unos espacios llenos de misterios y anécdotas donde los inmensos entramados de azulejos se conjugan con figuras mitológicas, como los dragones.

    Fachada de la Sagrada Familia, obra cumbre de Gaudí.

    A pesar de que todas las obras antes señaladas hubiesen bastado para hacer de Gaudí un gran arquitecto, el edificio que le dio celebridad fue la iglesia de la Sagrada Familia, cuya realización siempre estuvo presente en su vida.

    Templo de la Sagrada Familia en Barcelona, máxima creación del arquitecto Antonio Gaudí

    Gaudí inició el proyecto en el año 1883, contratado en principio para continuar el estilo apuntado por el primer arquitecto de la iglesia, Villar, si bien terminó generando un nuevo edificio que se convertiría en emblema de la ciudad de Barcelona.

    En la Sagrada Familia Gaudí mezcló todos y cada uno de los elementos que se hallaron presentes en su arquitectura, desde los motivos puramente modernistas hasta las influencias del gótico.

    La iglesia, que se halla en el centro de Barcelona, consta de cuatro grandes torres decoradas con motivos navideños que simulan la nieve. Todo el edificio está lleno de esculturas, y trata de conjugar el rigor del neogótico con la libertad del modernismo.

    Antonio Gaudí murió el 10 de junio de 1926 en Barcelona, sin poder terminar la Sagrada Familia.